8 de septiembre

 

 

 "Son diversas en el Cielo las moradas de mi Padre"

 

 


 

a los portavoces su puesto en el Cielo es y seguirá siendo el que su fidelidad a la vocación de difusores de mi Palabra les mereció, esto es, entre los evangelizadores

   El dolor abre las puertas de la gloria eterna.

 


 

Dice Jesús:

"Dije: "Son diversas en el Cielo las moradas de mi Padre", no para dar a entender que los habitantes del Cielo gozarán de Dios en mayor o menor grado según que estén más o menos distantes de Él, sino para expresar que cada uno estará en el grupo al que la Caridad le predestinó y le llevó su espíritu al permanecer fiel a su vocación sobre la Tierra. Contemplativos y activos, predicadores y místicos, misioneros a los que parecióles pequeña la Tierra y recluidos que, desde su celda monástica o desde su habitación-calvario, expandieron su caridad sobre todas las almas y mi Palabra a todas ellas, a las que otros hicieron posible que mi Palabra llegase.

 

a los portavoces su puesto en el Cielo es y seguirá siendo el que su fidelidad a la vocación

de difusores de mi Palabra les mereció, esto es, entre los evangelizadores

 

Por otra parte, debes de saber que, por más que otros les impidan a los portavoces el cumplimiento de la misión para la que Yo los elegí, su puesto en el Cielo es y seguirá siendo el que su fidelidad a la vocación de difusores de mi Palabra les mereció, esto es, entre los evangelizadores. Y a la espada flamígera de mi Palabra que hiere de muerte la herejía y al padre de la misma, añadieran la palma del martirio porque mártires son, aunque incruentos, de los hombres. Mártires de un prolongado martirio, más cruel y multiforme que aquel que los paganos inflingían a muchos confesores de Cristo.

La Jerusalén celestial, tal como la vio tu gran homónimo Juan, el Vidente de Patmos (Ap 21, 9-21), tiene doce puertas y doce bases, ya que por muchas puertas se entra en la Ciudad de los Santos; por muchos accesos, por muchas misiones e, incluso, mediante diferentes misiones cumplidas con fidelidad, los espíritus fieles edifican la Ciudad eterna de Dios. Y las puertas son de perlas –las perlas están aquí por las lágrimas– porque al Cielo se entra por medio del dolor.

 

El dolor abre las puertas de la gloria eterna.

 

No hay santo que, por esto o aquello, permitido por Dios o proporcionado por los hombres movidos por Satanás o por Satanás mismo o bien donado a su instancia por Dios mismo, no haya entrado en el Cielo sino por su padecer perfecto. El dolor abre las puertas de la gloria eterna. Si Yo soy glorioso –Yo, el Cristo, el Hombre-Dios– es por haber sufrido el dolor más grande que hombre alguno haya sufrido.

Mas en verdad te digo que tú tienes por base la amatista porque eres para todos la amante-penitente, ya que llevaste el luto de tu Jesús crucificado desde la infancia durante toda tu vida, portaste siempre las insignias de la penitencia y de la humildad y eres, alma mía, mi Violeta eterna.

Mi Sangre está en tu cáliz y tus lágrimas (las lágrimas que te hacen verter) sobre el corazón de tus crucifixores. Mas si mi Sangre es bálsamo que te embriaga y te inflama de gozo amoroso y te imprime la señal que salva del exterminio, tus lágrimas sobre el corazón de tus crucifixores serán remordimiento tras haber sido señal y medida de su destino y de su caridad. Porque en donde la caridad es poca, poca es también la Luz divina, siendo el hombre ciego e injusto cuando no se encuentra unido, iluminado y santificado por la unión con Dios.

En verdad, no se da auténtica caridad en donde se conculca al Verbo al conculcar a sus voces".

491-492

A. M. D. G.