REGRESO A NAZARET DESPUÉS DE LA 

PASCUA CON LOS SEIS DISCÍPULOS

 


 

#JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE  

#Traigo conmigo a mis primeros discípulos y tengo otros en Judea. También mi primo Judas está conmigo y me sigue..."  

#Jesús presenta a los cinco: Pedro, Andrés, Santiago, Natanael y Felipe; porque Juan que ya conoce a María  

#"Haced cuanto os diga""La espera os servirá mucho más que el que estéis con Él al punto. Mi Jesús hace bien todo lo que hace."  

#¿Recuerdas María a tus tres discípulos?" "¡Oh, claro que sí!. Es verdad. Y también ahora otros tres pares de ojos semejantes, me miran con el mismo amor. Este Juan parece ser el Jesús de entonces, que era rubio y sonrosado y el más joven de todos."

 


 

Jesús con su primo y seis discípulos está en las proximidades de Nazaret. De lo alto de la colina en donde se encuentran, se destaca la pequeña ciudad blanquecina entre la vegetación del declive desigual en donde está construida. Es un declive con curvas que en algunos lugares apenas si se notan, mientras que en otros son marcadas.

"¡Hemos llegado amigos! He ahí mi casa. Mi Madre está dentro porque no sale de casa, tal vez está haciendo pan. No os digo, quedaos, porque tendréis ganas de llegar a la vuestra; pero si quisiereis partir conmigo el pan, y conocerla, Juan ya la conoce, os invito a que vengáis."

Los seis que estaban entristecidos por la separación, se alegran y aceptan de corazón.

"Vamos, pues."

Bajan ligeramente la colinilla y toman el camino principal. Ya es tarde aunque todavía hace calor; pero las sombras descienden sobre la campiña en donde las espigas de trigo empiezan a madurar. Entran en el pueblo... se ven mujeres que van y vienen del pozo; hombres en los umbrales de sus pequeños talleres o en los huertos saludan a Jesús y a Judas. Los niños, por su parte, se arremolinan en torno de Jesús.

"¡Ya regresaste!"

"¿Ahora te vas a quedar con nosotros?"

"De nuevo se me rompió la rueda de mi carrito."

"¿Sabes, Jesús? Nació una hermanita mía y le han puesto de nombre María."

"El maestro me ha dicho que sé todo y que soy un verdadero hijo de la Ley."

"No está Sara porque tiene a su mamá muy enferma.  Llora porque tiene miedo."

"Mi hermano Isaac ya se casó. Hubo gran fiesta."

 

JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

 

Jesús escucha, acaricia, elogia, promete ayuda y así llegan a su casa. En el umbral está ya María, a quien un niño presuroso, había anunciado la llegada de Jesús.

"¡Hijo mío!"

"¡Mamá!"

Los dos mutuamente se estrechan entre los brazos. María, mucho más baja que Jesús, tiene la cabeza apoyada sobre el pecho de su Hijo que se oculta entre el cerco de sus brazos. La besa en los blondos cabellos y entran en casa.

Los discípulos, también Judas, quedan fuera para dejarlos libres en sus primeras expansiones.

"¡Jesús! ¡Hijo mío!" La voz de María tiembla como tiembla la del que tiene lágrimas en la garganta.

"¿Por qué esto, Mamá?"

"¡Oh Hijo! Me dijeron que en el Templo había galileos, nazarenos, aquel día... Regresaron... y han contado... ¡Oh Hijo!"

"Pero lo ves, ¡Mamá! Estoy bien. No me pasó nada. Solo Dios fue glorificado en su Casa."

"Sí lo sé, Hijo de mi corazón. Sé que ha sido como la campana que despierta a los dormidos y por la gloria de Dios, soy feliz... feliz de que este pueblo mío se despierte a Dios... no te reprocho... no te impido... te comprendo ... y ... y soy feliz... pero te engendré yo, ¡Hijo mío!." María todavía está entre el cerco de los brazos de Jesús y le ha hablado con sus manitas abiertas y apoyadas en el pecho de su Hijo, con la cabeza levantada hacia Él. Sus ojos brillan al claror de las lágrimas que están para derramarse. Se calla y apoya nuevamente la cabeza sobre su Hijo. Parece una tortolita gris por su vestido color ceniciento al resguardo de dos fuertes blancas alas, porque Jesús tiene todavía el vestido y el manto blancos.

 

Traigo conmigo a mis primeros discípulos y tengo 

otros en Judea. También mi primo Judas

 está conmigo y me sigue..."

 

"¡Mamá! ¡Pobrecita mamá! ¡Querida Mamá!..." Jesús la besa nuevamente. Después dice: "Y bien, ¿lo ves? Estoy aquí y no estoy solo. Traigo conmigo a mis primeros discípulos y tengo otros en Judea. También mi primo Judas está conmigo y me sigue..."

"¿Judas?"

"Sí, Judas. Comprendo que estás sorprendida. Claro, entre los que hablaron de lo sucedido estaba Alfeo con sus hijos... y no me equivoco si digo que es de los que me han criticado. Pero no tengas miedo. Hoy es así, mañana no lo será. El hombre es cultivado como la tierra y donde antes había espinas, ahora brotan rosas. Tú quieres a Judas. Está ya conmigo."

"¿Dónde está ahora?"

"Allá afuera con los demás. ¿Tienes pan  para todos?"

"Sí, Hijo. María de Alfeo lo está haciendo en el horno. María es muy buena conmigo, sobre todo ahora."

"Dios le dará la gloria." Se asoma a la puerta y grita: "¡Judas aquí está tu madre! ¡Venid, amigos!"

Entran y saludan. Pero Judas besa a María primero y después corre en busca de su madre.

 

Jesús presenta a los cinco: Pedro, Andrés, Santiago, 

Natanael y Felipe; porque Juan que ya conoce a María

 

Jesús presenta a los cinco: Pedro, Andrés, Santiago, Natanael y Felipe; porque Juan que ya conoce a María la saludó al punto después de Judas, inclinándose y recibiendo su bendición. María responde al saludo y los invita a sentarse. Es la dueña de la casa y aunque con la mirada adora a su Jesús y parece como que su alma continuase hablándole con los ojos, se preocupa por los huéspedes. Quiere traerles agua para que se refresquen, pero Pedro interrumpe: No, Mujer, no puedo permitirlo. Siéntate junto a tu Hijo, Madre Santa. Yo iré, iremos al huerto a refrescarnos."

Acude María de Alfeo, colorada y con la harina hasta en la cara, saluda a Jesús que la bendice, y después lleva a los seis al huerto, a la pileta y regresa contentísima. "¡Oh, María!" dice a la Virgen. "Mi Judas me ha dicho. ¡Qué feliz soy! Por Judas y por ti, prima mía. Sé que los otros me lo tacharán, pero no importa. Sería feliz el día en que supiera que todos son de Jesús. nosotras las mamás sabemos... sentimos qué cosa hace bien a los hijos. Pienso que el bien de mis creaturas eres Tú, Jesús." Este la acaricia sobre la cabeza sonriéndole.

Regresan los discípulos y María de Alfeo les da pan oloroso, aceitunas y queso. Trae también una jarra de vino rojo que Jesús da a sus discípulos. Es siempre Jesús el que ofrece y distribuye. Al principio los discípulos se sienten coartados, pero después toman confianza y hablan de sus casas, del viaje a Jerusalén, de los milagros acaecidos. Están llenos de celo y afecto, y Pedro busca que María se convierta en aliada suya para que Jesús los acepte pronto sin necesidad de esperar en Betsaida.

 

"Haced cuanto os diga""La espera os servirá mucho 

más que el que estéis con Él al punto. Mi Jesús hace 

bien todo lo que hace."

 

"Haced cuanto os diga" los exhorta con una suave sonrisa. "La espera os servirá mucho más que el que estéis con Él al punto. Mi Jesús hace bien todo lo que hace."

Muere la esperanza de Pedro. Pero se doblega de buena gana. Pregunta tan sólo: "¿Será mucho tiempo el que tengamos que esperar?"

Jesús le envía una sonrisa, pero no dice nada. María interpreta aquella sonrisa como una señal benévola: "Simón, hijo de Jonás -sonriente le dice- el tiempo que tengas que sujetarte a esa espera, será como el fugaz vuelo de la golondrina que acaricia el lago."

"Gracias, Mujer."

"¿No dices nada, Judas?... y ¿ tú Juan?"

"Te miro María."

"Y yo también."

 

¿Recuerdas María a tus tres discípulos?""¡Oh, claro 

que sí!. Es verdad. Y también ahora otros tres pares de 

ojos semejantes, me miran con el mismo amor. Este 

Juan parece ser el Jesús de entonces,  que era rubio y 

sonrosado y el más joven de todos."

 

"También yo os miro... y ¿sabéis?... Vuelven a mi mente tiempos lejanos cuando tres pares de ojos te miraban con amor. ¿Recuerdas María a tus tres discípulos?"

"¡Oh, claro que sí!. Es verdad. Y también ahora otros tres pares de ojos semejantes, me miran con el mismo amor. Este Juan parece ser el Jesús de entonces,  que era rubio y sonrosado y el más joven de todos."

Los otros quieren saber algo y flotan en el aire recuerdos y anécdotas hasta que se ha anochecido.

"Amigos, no tengo espacio, pero tengo allí el lugar en donde Yo trabajaba. Si queréis buscar refugio allí... pero... no hay más que bancos."

"Una cama suave para pescadores acostumbrados a dormir sobre las tablas mismas. ¡Gracias, Maestro! Dormir bajo tu techo es honra y santificación."

Se retiran después de haberse despedido muchas veces. También Judas se retira con su madre y se van a su casa.

En la pieza quedan Jesús y María, sentados sobre la banca, a la luz de la lamparilla, con un brazo sobre la espalda. Jesús cuenta y María escucha dichosa, temerosa, feliz...

I. 343-346

A. M. D. G.