DE ENGAMIN A SIQUEM EN DOS DÍAS

 


 

#CAMINAN CON EL NIÑO YABE   

#El antiguo pedagogo de Cintium, al que arruinó la maldad humana, vuelve a la vida por este niño, que es una miseria como él lo es 

 #EL NIÑO SE ACUERDA DE SUS PADRES    

#Jesús reúne a los demás para una plegaria y luego cada uno se acuesta en su lecho de paja.  

 #LA COMITIVA EN SIQUEM  

 #La caravana festiva de la corte del Procónsul alcanza aquí a Jesús y a los suyos      

 #EL NIÑO LO ENTREGARÁ A MI MADRE

 


 

CAMINAN CON EL NIÑO YABE

 

Por los caminos cada vez más atestados de peregrinos Jesús continúa su camino hacia Jerusalén. Un fuerte aguacero que cayó por la noche, ha dejado los caminos lodosos, pero en cambio se ha llevado el polvo y el aire es claro. Los campos parecen un jardín al cuidado de un buen jardinero.

Todos caminan aprisa, porque están descansados y porque el niño, que trae sandalias nuevas, puede caminar mejor, y ahora que ya ha cobrado confianza, habla con este y con aquel. A Juan le confía que su padre se llamaba Juan y que su madre María, y que por eso lo quiere mucho. "Bueno" termina, "quiero a todos, y en el Templo rogaré mucho, por vosotros y por el Señor Jesús".

Es conmovedor ver cómo este grupo de hombres, en su generalidad sin hijos, muestren un cariño paternal, lleno de cuidados, por el discípulo más pequeño de Jesús. Hasta el hombre de Endor siente ablandarse, cuando hace beber un huevo crudo al niño, o bien cuando se mete entre los bosques verdes que tapizan las colinas y montañas, separadas por grandes valles, por donde va el camino principal, para cortar ramitas agridulces de espino o las perfumadas de suecédano silvestre. Se las lleva al pequeñín para calmarle la sed y no tenga necesidad de beber mucha agua. Le hace ver y contemplar los panoramas para que no piense en el cansancio.

 

EL ANTIGUO PEDAGOGO DE CINTIUM

VUELVE A LA VIDA POR ESTE  NIÑO

 

El antiguo pedagogo de Cintium, al que arruinó la maldad humana, vuelve a la vida por este niño, que es una miseria como él lo es. Las arrugas de la desgracia y amargura se hinchan con una sonrisa de bondad. Yabé no tiene ya el aspecto lastimero. Tiene sus sandalias nuevas, y n su cara hay menos tristeza. No sé que apóstol tuvo cuidado de quitarle cualquier señal de la vida salvaje que por tantos meses llevó, y le ha compuesto con bastante agua sus cabellos sucios y polvorientos, que ahora están limpios y lisos. También el hombre de Endor, que se queda un tanto sorprendido al oírse llamar: Juan, es otro. Sacude su cabeza con una sonrisa como para indicar su poca memoria. Día tras día su cara va perdiendo la dureza que en ella se reflejaba y adquiriendo una seriedad que no infunde miedo. Naturalmente estas dos piltrafas humanas que vuelven a la vida por la bondad de Jesús, corresponden son su amor por Él. Los demás son personas queridas, pero Jesús... Cuando les habla o mira, en ellos se dibuja la expresión de la felicidad completa.

 

EL NIÑO SE ACUERDA DE SUS PADRES

 

Después de haber pasado un gran valle y luego subido una verde y hermosísima colina desde la que se puede ver todavía la llanura de Esdrelón, algo hace suspirar al niño. "¿Qué hará mi papá?" y en sus ojitos cafés brillan dos perlitas: "¡Oh, él no es feliz como yo... y es tan bueno!" y estas palabras echan un manto de tristeza sobre todos. De allí se baja a un fértil valle, de campos y de olivos. El viento ligero hace que caiga la nieve le las florecitas de las vides y las de los olivos que han brotado prematuramente. La llanura de Esdrelón ha desaparecido del todo.

Se detienen un poco a comer y luego otra vez hacia Jerusalén. O debe haber llovido mucho, o bien se trata de un lugar de aguas subterráneas, porque los prados parece estar en terrenos pantanosos. El agua brilla de entre las hierbas, y llega hasta el borde del camino, que está un poco alzado, pero que con todo no deja de ser lodoso. Las personas adultas se levantan los vestidos para no convertirlos en trapeadores. Judas Tadeo se echa el niño sobre la espalda para que descanse y para que pueda atravesar la zona inundada y tal vez malsana más aprisa. El día ya se va a acabar cuando, después de haber caminado por las faldas de nuevas colinas y haber atravesado un vallecillo de piedras pero seco, llegan a un poblado que está sobre un terreno rocoso, y abriéndose camino entre los muchos peregrinos, buscan alojo en algo que parece albergue rústico: un gran tejado, bajo el que hay abundante paja y nada más.

Lámparas encendidas iluminan acá y allá la escena de las familias que van en peregrinación. Familias pobres, como la de los apóstoles, porque los ricos, en general, han puesto sus tiendas fuera del poblado. Sería deshonroso para ellos tener contacto con los del lugar y con los peregrinos pobres.

 

JESÚS REÚNE A LOS DEMÁS PARA UNA PLEGARIA Y

CADA UNO SE ACUESTA EN SU LECHO DE PAJA

 

Baja la noche envuelta en silencio... El primero que se duerme es el niño reclinado sobre las piernas de Pedro, que después lo arregla sobre la paja y lo cubre cuidadosamente.

Jesús reúne a los demás para una plegaria y luego cada uno se acuesta en su lecho de paja.

 

LA COMITIVA EN SIQUEM

 

El nuevo día ha salido. La comitiva apostólica que partió temprano está por entrar al atardecer en Siquem después de haber pasado la ciudad de Samaría. Bella, rodeada de muralla, coronada con edificios elegantes y majestuosos, alrededor de los que se estrechan en orden casas bonitas. Soy de parecer que esta ciudad, como Tiberíades, no hace mucho tiempo que haya sido reconstruida con métodos tomados de Toma. Además de los muros, hay una faja de tierra fertilísima y bien cultivada. El camino que va de Samaría a Siquem se va desenvolviendo de trozo en trozo al bajar con sistemas de terraplenes que sostienen los terrenos, cosa que me trae a la memoria las colinas de Fiésole., Se goza de una magnífica vista de las verdes montañas al sur, y hacia el oeste de una hermosísima llanura.

El camino baja hacia el valle poco a poco, pero vuelve a subir para pasar otras colinas, desde las que se domina la tierra de Samaría con sus cultivos de olivos, de trigo, con sus viñedos. Las colinas están cubiertas de bosques de encinas y de otros fuertes árboles que providencialmente defenderán los cultivos que de otro modo desaparecerían por los vendavales. Esta región me recuerda nuestros montes Apeninos hacia Amiata, cuando una contempla las llanuras cultivadas y las de cereales de Maremma y las colinas alegres y los montes majestuosos que se levantan más allá, en el interior. No sé cómo sea ahora Samaría, pero en aquel entonces era muy hermosa.

 

LA CARAVANA FESTIVA DE LA CORTE DEL

PROCÓNSUL ALCANZA AQUÍ A JESÚS Y A LOS SUYOS

 

Ahora de pronto entre dos altos montes, los más altos de la región, se ve un valle, y en su centro, la fertilísima y bien regada Siquén. La caravana festiva de la corte del Procónsul alcanza aquí a Jesús y a los suyos. Se dirige a Jerusalén para las fiestas, Esclavos a pie y esclavos en carros para guardar todo el mueblerío... Dios mío., cuántas cosas podían transportarse en aquellos tiempos. Carros verdaderos que llevan de todo un poco, y hasta literas completas y carrozas de viaje: son carros anchos de cuatro ruedas, bien protegidos, y bien cubiertos, en los que van las damas. Y después otros carros y esclavos...

Una mano femenina recorre una cortina, y se deja ver el perfil enérgico de Plautina que saluda sin palabras, pero sí con una sonrisa. Igual cosa hace Valeria que tiene su pequeñita sobre las rodillas, que es un trinar de alegría. El otro carro, todavía mucho más pomposo, pasa sin que ninguna cortina se recorra. Pero cuando hubo ya pasado, se asoma por la parte de atrás, por entre las cortinas plegadas la cara de color de rosa de Lidia que hace un ademán de inclinación. La caravana se aleja...

"También ellas van" dice Pedro cansado y lleno de sudor. "Si Dios nos ayuda, pasado mañana estaremos en Jerusalén".

"No, Simón. No puedo menos que desviarme hacia el Jordán".

"¿Por qué, Señor?"

"Por el niño. Está muy triste, y mucho si volviese a ver el monte de la desgracia".

"Pero ¡no lo veremos! Mejor dicho, veamos la otra parte... y ya me preocuparé de tenerlo distraído. Yo y Juan... Al punto se distrae. Pobrecita palomita sin nido. Ir en dirección del Jordán. Oh, qué fastidio! Mejor por aquí. Via directa, más breve, más segura. No. No. Esta, esta. ¿Lo ves? También las romanas lo hacen. A lo largo del mar y del río hay fiebres con estas primeras aguas. Aquí. Y luego... ¿Cuando se llegue, todavía se alargará? Piensa que inquietud tendrá tu Madre, después de lo que sucedió al Bautista!..." Pedro gana y Jesús consiente.

"Bueno, entonces descansemos pronto. Al alba partiremos para llegar pasado mañana por la tarde al Getsemaní. Al día siguiente, viernes iremos a ver a mi Madre, en Betania, donde descargaremos los libros de Juan que no pesan poco, y encontraremos a Isaac al que entregaremos este pobre hermano..."

"¿Y el niño? ¿pronto lo entregas?"

 

EL NIÑO LO ENTREGARÁ A MI MADRE

 

Jesús sonríe: "No. Lo entregaré a mi Madre, para que lo prepare para "su" fiesta. Lo tendremos con nosotros para la Pascua.. Después debemos dejarlo... !No te aficiones mucho a él! O mejor: Ámalo, ámalo como si fuese un hijo tuyo, pero con espíritu sobrenatural. Lo estás viendo: es débil y se cansa. También a Mí me habría gustado instruirlo y hacerlo crecer en la Sabiduría. Pero Yo soy el Incansable, y Yabé es muy chico y muy débil para sobrellevar nuestras fatigas. Iremos por la Judea, luego regresaremos a Jerusalén para Pentecostés, y después nos iremos... nos iremos... nos iremos evangelizando... Lo volveremos a ver para el verano en nuestra pequeña patria. Ya estamos a las puertas de Siquem. Adelántate con tu hermano y con Judas. Ve, Simón, a buscar alojo. Iré a la plaza del mercado y te esperaré allí".

Se separan. Pedro aprisa va en busca de alojo. Los otros caminan cansadamente por las calles llenas de gente que grita y gesticula, de asnos, de carros que van a Jerusalén para la Pascua que se aproxima. Los gritos, los llamamientos, las imprecaciones se mezclan con los rebuznos de los borricos, y se forma un ruido que retumba bajo los zaguanes de las casas, con estrépito que recuerda el que se percibe cundo uno se pone al oído una de esas conchas de mar. El eco va dando trompicones donde ya las sombras aparecen, y la gente, como agua siempre empujada, se echa por las calles, se desliza en busca de techo, una plaza, un jardín para pasar la noche...

Jesús, con el niño en la mano, recargado a un árbol, espera a que Pedro regrese a la plaza, la que debido a la hora está siempre llena de vendedores.

"Que nadie nos vea, ni que nos reconozcan" dice Iscariote.

"¿Cómo se puede reconocer un granito entre el arenal?" replica Tomás. "¿No ves cuánta gente?"

Pedro regresa: "Fuera de la ciudad hay un tejado con heno. No encontré algo más".

"Ni tampoco buscaremos más. Es muy bello para el Hijo del hombre".

III.316-321

A. M. D. G.