JESÚS CON PEDRO Y BARTOLOMÉ 

EN BÉTER

 


 

#Llegan aprisa Pedro y Bartolomé   

#"Judas se ha hecho como un demonio, apenas partiste. No se podía hablar con él, ni razonar. Se peleó con todos... Y ha escandalizado a todos los sirvientes de Elisa y a otros más..."   

#Levantaos, amigos. Mi amor crece siempre en vosotros, y crecerá cada vez más. Sed benditos por el corazón que tenéis.

 


 

 

Jesús pasea por entre los vergeles de rosas donde los cortadores trabajan y así encuentra modo de hablar con este, con aquel, y con la mujer viuda y con sus hijos que Juana tomó como sirvienta, en la Pascua, después del banquete, por amor a El. No parecen ser los de aquellos días. Se les ve el vigor en el cuerpo, la serenidad en la cara. Cumplen alegres su trabajo; cada uno según su capacidad. Los más pequeños, que todavía no saben distinguir entre una rosa y la otra, por su color, frescura, exquisitez, juegan con otros compañeritos, y y sus vocecillas se confunden con los gorgoritos de los polluelos que pían en las ramas de los árboles saludando a sus padres que regresan con la presa en el pico.

Jesús se dirige a esta nidada humana, se agacha, se interesa por lo que hacen, acaricia, no los deja que se peleen, levanta al que se cayó y sucio de tierra en la carita y en las manos lloriquea. Los llantos, las peleas, las envidias desaparecen bajo la caricia y la palabra de Jesús, y terminan algunas veces con ofrecerle el objeto que pudo haber sido la culpa de la competencia, riña o caída, como lo es el escarabajo de concha dorada, la piedra de colores y brillante, la flor caída al suelo... Jesús tiene las manos llenas y la cintura, y hace que no vean cuando deja en libertad a los escarabajos y a las mariquitas. Muchas veces he visto el tacto perfecto de Jesús, aun para con los pequeñuelos, en no causarles pena, ni en engañarlos. Tiene el arte y el encanto de hacer que sean mejores y de que le amen aparentemente por cualquier cosa, pero en realidad son exquisiteces de amor que se adapta a la pequeñez del niño... 

 

Llegan aprisa Pedro y Bartolomé

 

Estoy viendo que a paso veloz, tanto que sus vestidos se agitan al aire como agita la vela de una barca, Pedro avanza. Le sigue Bartolomé más calmado.

Cae a las espaldas del Maestro que está agachado, acariciando a los pequeñuelos, hijos sin duda alguna de los cortadores de flores, quienes los pusieron en colchonetitas para que les pegue el aire de los árboles. "¡Maestro!"

"¿Simón, por qué aquí? ¿Y también tú, Bartolomé? Mañana por la tarde deberíais de partir, después del crepúsculo del sábado..."

"Maestro, no nos regañes... Escucha primero."

"Hablad. No os regaño, porque pienso que desobedecisteis por un motivo grave. Decidme para tranquilizarme que ninguno de vosotros está enfermo o herido."

"No, Señor. Ninguna desgracia nos ha sobrevenido" se apresura a decir Bartolomé. Pero Pedro, siempre sincero y siempre impetuoso dice: "¡Umh! Por mi parte diría que hubiera sido mejor que todos nos hubiésemos quebrado las piernas, hasta la cabeza, si quieres, antes que ..."

"¡Antes que! ¿Qué pasó?"

 

"Judas se ha hecho como un demonio, 

apenas partiste. No se podía hablar con él, 

ni razonar. 

Se peleó con todos... 

Y ha escandalizado a todos los sirvientes de Elisa 

y a otros más..."

 

"Maestro, pensamos que era mejor venir para terminar con..." empieza a decir Bartolomé, cuando lo interrumpe Pedro: "¡Pero dile más aprisa!" Y concluye: "Judas se ha hecho como un demonio, apenas partiste. No se podía hablar con él, ni razonar. Se peleó con todos... Y ha escandalizado a todos los sirvientes de Elisa y a otros más..."

"Tal vez se puso celoso porque te trajiste a Simón..." dice Bartolomé como excusando, al ver que el rostro de Jesús se ha puesto enérgico.

"No es cuestión de celos. Déjate de excusarlo... O me peleo contigo por no haberme desahogado con él... Pues, Maestro, logré tener callada la boca. ¡Piénsalo! ¡Tuve la boca callada! Por obediencia y porque te amo... Pero ¡si me costó! Bien. En un momento en que Judas salió golpeando las puertas, tomamos nuestra decisión... y pensamos que era mejor irnos para poner fin al escándalo en Betsur... y evitar que... lo cacheteásemos... Bartolomé y yo nos salimos al punto. Les dije a los otros que me permitiesen venirme, antes de que regresase... porque... sentía que no podía aguantarme más... Bueno, ya dije todo. Ahora regáñame si crees que me equivoqué."

"Hiciste bien, como también los demás."

"¿También Judas? ¡Oh, no Señor mío! ¡No lo digas! Dio un espectáculo indigno."

"El no hizo bien. Pero no lo juzgues."

"... No, Señor..." El "no" le sale a Pedro con un gran esfuerzo. Se hace un silencio. Luego Pedro pregunta: "¿Pero, puedes decirme al menos por qué Judas de un solo golpe se ha hecho así? ¡Parecía haberse hecho tan bueno! ¡Estábamos tan bien! De mi parte he ofrecido oraciones y sacrificios para que continuase así... Porque no puedo verte afligido. Y Tú te afliges mucho cuando nos pasa algo... A partir de las Encenias sé que hasta una cucharada de miel tiene valor... Tuvo que enseñarme esta verdad un discípulo, el discípulo más pequeño, un pobre niño, a mí que soy un tonto apóstol tuyo. Pero no la olvidé, porque he visto sus frutos; porque he comprendido también yo, que soy una calabaza, a la luz de la Sabiduría que benigna se ha inclinado sobre mí, que ha descendido hasta mi, rústico pescador, hombre pecador. Comprendí que hay que amarte no sólo con las palabras, sino salvando las almas con nuestro sacrificio, para darte alegría; para no verte como estás ahora, como estabas en Scebat, tan pálido y triste, Señor y Maestro mío, que no somos dignos de tenerte; que no te comprendemos, nosotros que somos gusanos ante Ti, Hijo de Dios; que somos fango ante Ti, Estrella; nosotros que somos oscuridad ante Ti, que eres Luz. Pero de nada sirvió. Es la verdad. Mis pobres oblaciones... tan pobres... tan malhechas... ¿Para qué sirvieron? Soberbiamente creí, que te podían servir para algo... Perdóname. Te he dado cuanto tengo. Me he ofrecido para darte cuanto poseo. Creía haberme justificado porque te he amado, oh Dios mío, con todo mi ser, con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas, como está mandado. Ahora comprendo también esto y también lo afirmo como lo asegura siempre Juan, nuestro ángel, y te ruego (se arrodilla a los pies de Jesús) que aumentes tu amor en tu pobre Simón, para que aumente mi amor por Ti, Dios mío." Pedro se arrodilla a besar los pies de Jesús, y así se queda. Bartolomé, que ha quedado sorprendido de las palabras de Pedro y las ha aprobado, lo imita.

 

Levantaos, amigos. 

Mi amor crece siempre en vosotros, 

y crecerá cada vez más. 

 

Sed benditos por el corazón que tenéis.

 

"Levantaos, amigos. Mi amor crece siempre en vosotros, y crecerá cada vez más. Sed benditos por el corazón que tenéis. ¿Cuándo llegarán los demás?"

"Antes del crepúsculo."

"Está bien. También Juan, Elisa y Cusa regresarán antes del crepúsculo. Pasaremos aquí el sábado y luego partiremos."

"Sí, Señor. ¿Por qué te llamó Juana con tanta urgencia? ¿No pudo haber esperado? Estaba dicho que vendríamos aquí. Su imprudencia nos hizo este infortunado mal...""No la acuses, Simón de Jonás. Obró prudentemente y por amor. Me llamó porque había almas a las que se debía reafirmar en su buena voluntad."

"¡Ah, entonces no chisto ni una palabra más!... ¿Pero, Señor, por qué Judas ha cambiado así?"

"¡No te preocupes de ello! ¡No te preocupes! Goza de este paraíso que es flor y que es paz. Goza de tu Señor. Olvídate de lo que es el hombre bajo todos sus aspectos más horrorosos,, de lo que hace sufrir al corazón de tu pobre compañero. Acuérdate sólo de rogar por él, y mucho, mucho. Venid. Vamos con aquellos pequeñuelos que nos miran espantados. Hace poco les estaba hablando de Dios; de corazón a corazón; con amor; y a los más grandecillos les hablaba de las bellezas de Dios..." Toma del cordón que traen los apóstoles a la cintura, y se dirige con ellos a un círculo de niños que lo están esperando.

VII. 567-571

A. M. D. G.