EN JERUSALÉN 

PARA LA FIESTA DE PENTECOSTÉS

 


 

#dicen a Jesús: "Pero que pasará a este lugar Dilo, Tú que sabes. Qué pasará a esta ciudad, a todo Israel que no se rinden a la Voz del Señor"  

 #Jeremías os anunció ya lo que sucederá a los que al rayo de la ira divina responden con más pecados, los que toman la piedad divina como prueba de que Dios sea débil. Pero de Dios, hijos, nadie se burla.   

#Y añade el Señor, como amonestando a los tercos, que sólo la penitencia, y el arrepentimiento pueden conseguir que Dios cambie el decreto de castigar al pueblo rebelde.   

#Y no pierdan los bienes eternos así como habrán perdido los terrenales   

#Las visiones de los profetas tienen siempre un objetivo: el de avisar a los hombres lo que puede suceder.   

#Obedeces a Satanás ¿y no caes en la cuenta? Vete, vete ahora a pedir perdón por haberte atrevido a insultar y amenazar al Maestro. ¡Al Maestro no se le toca! ¿Entendido? Sois nuestro opresores, y El es amigo de los pobres.   

#De la torre Antonia acuden guardias romanos con un jefe de los guardias del orden.   

#"También tienes otra hambre que no confiesas, Elquías, y que tienen también tus amigos. Pero también se os dará esa comida... Y más agria que los higos. Os echará a perder a vuestro interior como los higos agrios hacen con el estómago."   

#"Más me hará si mintiese, porque sería lo mismo que desconocer mi Naturaleza y renegar de Aquel de quien procedo."  

 #y acordaos por bien vuestro, por compasión a vuestras almas, acordaos de las palabras del Señor dichas a Moisés y a Aarón cuando todavía estaban en tierra de Egipto:   

#Es una figura, una figura expresiva de lo que sucederá al pueblo que asesine al nuevo Abel..."   

#Pero os aseguro que si entre los señalados hubiere pecadores, su castigo será peor, porque los adúlteros del espíritu, los renegados, los asesinos de Dios, serán los más grandes en el Infierno después de que le sirvieron a éste en la tierra.  

 #Digo la verdad. Soy la Luz. La Luz fue enviada para que iluminase las Tinieblas. Brilla por todas partes. Hubiera sido inútil que el Altísimo hubiese enviado su Luz, si luego la hubiese ocultado bajo la fanega   

#Jesús acepta ir al banquete que le ofrece Elquías

 


 

La ciudad está llena de gente. En el Templo no hay más lugar. Jesús tan pronto como llegó a Jerusalén, se vino a él, y entró por la puerta que está junto a la Probática, y de este modo la gente no pudo caer en la cuenta de que había llegado, antes de que se esparciera la noticia de la casa donde depositaron sus alforjas y donde se quitaron el polvo y el sudor para entrar limpios en el Templo.

La acostumbrada gritería de vendedores y de cambistas. El mismo espectáculo de colores, de caras.

Jesús con los apóstoles, después de haber comprado lo necesario para la ofrenda, se va derecho al lugar de oración y se está allí largamente. Es natural que buenos o malos lo vean. El murmullo vuela como el viento que se mete por todas partes, por donde haya gente.

Y cuando, después de haber orado, se vuelve para continuar su camino, un acompañamiento de gente, que crece cada vez más, lo sigue por los atrios y pórticos, hasta, aumentado inmensamente lo rodea, y le pide que les hable.

"Después, hijos. En otro lugar" dice Jesús y levanta su mano para bendecir y trata de alejarse.

Mientras que los escribas, fariseos, doctores y sus discípulos de ellos, que están mezclados entre la gente, se burlan irónicamente y sueltan frases como estas: "La prudencia lo aconseja" o bien "¡Vamos! un poco de miedo..." o: "Ha llegado a la edad de comprender" o "Es menos tonto de lo que pensábamos"; la mayoría de los que le rodean, bien sea por agradecimiento hacia El o por el deseo santo de conocerlo, sin rencor alguno insiste: "No permitirás que esta Fiesta no sea una fiesta para nosotros. Maestro, no puedes hacerlo. Muchos de nosotros hicimos ya el sacrificio para poder haberte esperado..." y algunos están callados o bien en el mismo tono responden a los que hablaron contra Jesús.

 

dicen a Jesús: "¿Pero que pasará a este lugar? 

Dilo, Tú que sabes.

 ¿Qué pasará a esta ciudad, 

a todo Israel que no se rinden a la Voz del Señor?"

 

No hay duda que la masa sería capaz de acabar con los pocos enemigos, que astutos, hipócritas, comprenden las respuestas que les han dado y no sólo se callan, sino que buscan por alejarse. No obstante que estén dentro de los muros del Templo, muchos no titubean en hacer gestos de befa o de lanzar alguna que otra palabrota a los que se van yendo, o no falta quienes, sea por edad o por buen seso, dicen a Jesús: "¿Pero que pasará a este lugar? Dilo, Tú que sabes. ¿Qué pasará a esta ciudad, a todo Israel que no se rinden a la Voz del Señor?"

 

Jeremías os anunció ya lo que sucederá 

a los que al rayo de la ira divina responden con más pecados,

 los que toman la piedad divina como prueba 

de que Dios sea débil. 

 

Pero de Dios, hijos, nadie se burla.

 

Jesús mira con piedad estas cabezas grises o ya plateadas y responde: "Jeremías os anunció ya lo que sucederá a los que al rayo de la ira divina responden con más pecados, los que toman la piedad divina como prueba de que Dios sea débil. Pero de Dios, hijos, nadie se burla. Vosotros, como dijo el Eterno por boca de Jeremías, sois como el barro en las manos del alfarero, como barro son los que se creen poderosos, como barro los habitantes de este lugar y los de palacio. No hay potencia humana que puede resistir a Dios. Y si el barro se opone al alfarero y quiere por sí mismo tomar formas extrañas, horribles, el alfarero lo deshace, y torna a plasmar su jarra hasta que se convenza de que el alfarero es el más fuerte, y de que tiene que rendirse a su voluntad. Y puede suceder que la jarra se haga pedazos porque se obstina en no dejarse modelar, porque no acepta el agua que le echa encima el alfarero para modelarla sin arrugas. Y entonces el alfarero tira el barro caprichoso, los tiestos inútiles, sin valor, a lugares inmundos, y toma nuevo barro y lo plasma para darle las formas que quiere.

 

Y añade el Señor, como amonestando a los tercos, 

que sólo la penitencia, y el arrepentimiento 

pueden conseguir que Dios cambie 

el decreto de castigar al pueblo rebelde.

 

¿No dice así el Profeta al hablar del alfarero y de la jarra de barro como símbolo? Y repitiendo las palabras del Señor, dice: "Así como la arcilla está en manos del alfarero, así tú estás, oh Israel, en manos de Dios". Y añade el Señor, como amonestando a los tercos, que sólo la penitencia, y el arrepentimiento pueden conseguir que Dios cambie el decreto de castigar al pueblo rebelde.

Israel no se ha arrepentido; por esto las amenazas de Dios se han recrudecido una y diez veces más contra él, y ni siquiera así se arrepiente ahora que no ya un profeta, sino más que un profeta le habla. Y Dios, que ha usado de inmensa misericordia para con Israel, y que me envió os dice: "Puesto que no queréis escuchar mi Voz que esperabais, me arrepentiré del bien que os hice y prepararé contra vosotros la desventura". Y Yo que soy la Misericordia, aun cuando sepa que inútilmente levanto mi voz, grito a Israel: "Deje cada uno de seguir su camino perverso y regrese. Cada uno rectifique su conducta, rectifique sus inclinaciones. Para que por lo menos cuando el designio de Dios se realice sobre la nación culpable, los mejores de ella, en medio de la pérdida general de los bienes, de la libertad, de la unión, tengan su conciencia libre de culpa, unida a Dios 

 

y no pierdan los bienes eternos 

así como habrán perdido los terrenales

 

Las visiones de los profetas tienen siempre un objetivo: 

el de avisar a los hombres lo que puede suceder.

 

Las visiones de los profetas tienen siempre un objetivo: el de avisar a los hombres lo que puede suceder. Bajo la figura de la jarra de arcilla, quebrada ante los ojos del pueblo, se anuncia lo que espera a la ciudad y a los reinos que no se sujeten al Señor, y..."

Los ancianos, escribas, doctores y fariseos que se fueron antes, probablemente fueron a dar el grito a las guardias del Templo y a los encargados de mantener el orden. Uno de estos, a quien sigue un puñado de guardias títeres que provocan a burla, que no tienen nada de guerrero, sino sus caras, mezcla de bobería y malicia, y una apariencia de dureza, mejor dicho de delincuencia, se llegan a Jesús que está hablando apoyado contra una columna en el patio de los Gentiles, y no pudiendo pasar entre la multitud que rodea a Jesús, grita: "Lárgate, o haré que te echen mis soldados fuera del recinto..."

"¡Uuh, uuh, los moscones verdes! ¡Los héroes contra los corderos! Vosotros que no sois capaces de meter en la prisión a los que convierten a Jerusalén en un lupanar, y al Templo en un mercado. Cara de conejo, vete a donde están las fuinas. ¡Uuh, uuh!" La gente se vuelve contra esos soldados de caricatura, y claramente manifiesta que no está dispuesta a que se haga mal alguno al Maestro.

"Obedezco órdenes recibida..." dice excusándose el que hace de jefe... de los guardianas del orden.

 

Obedeces a Satanás 

¿y no caes en la cuenta? 

Vete, vete ahora a pedir perdón por haberte atrevido a

 insultar y amenazar al Maestro. 

¡Al Maestro no se le toca! ¿Entendido? 

Sois nuestro opresores, y El es amigo de los pobres.

 

"Obedeces a Satanás ¿y no caes en la cuenta? Vete, vete ahora a pedir perdón por haberte atrevido a insultar y amenazar al Maestro. ¡Al Maestro no se le toca! ¿Entendido? Sois nuestro opresores, y El es amigo de los pobres. Vosotros, nuestra ruina, El, nuestra Salvación. Vosotros sois unos pérfidos, El es bueno. Largo, u os haremos lo que Matatías hizo en Modín. Os echaremos por la pendiente del Moria como a otros tantos ídolos, y haremos la limpieza, lavando con vuestra sangre al lugar profanado, y los pies del único Santo en Israel pisotearán esa sangre para ir al Santo de los Santos e imperar, pues El lo merece. ¡Largo de aquí vosotros y vuestros dueños! ¡Largo, esbirros que servís a vuestros iguales!..."

 

De la torre Antonia acuden guardias romanos 

con un jefe de los guardias del orden.

 

Un tumulto que infunde pavor... De la torre Antonia acuden guardias romanos con un jefe de los guardias del orden.

"¡Por Marte invencible! ¿Estos... son soldados? ¡Oh, oh, vas a ir hacer la guerra a los escarabajos, tú, guerrero de cantina! Hablar vosotros..." dice a la gente.

"Quería imponer silencio al Rabí de Galilea. Querían echarlo afuera. Tal vez detenerlo..."

"¿Al Galileo? Non Licet. Os digo en mi lengua lo que decía el degollado. ¡Ah, ah! Márchate a tu cubil con tus mequetrefes. Y avisa que tus mastines se queden en su cueva. La Loba sabe muy bien despedazar también a ellos... ¿Entendido? Sólo Roma tiene el derecho de sentenciar. Y Tú, Galileo, puedes seguir contando tus fábulas... ¡Ah, ah!" y se voltea como un pedazo de piedra. Su coraza resplandece a los rayos del sol. Se va.

"Como a Jeremías..."

"Mejor dicho, como a todos los profetas."

"Pero de todos modos Dios triunfa."

"Maestro, habla un poco más. Las víboras se han ido."

"No, dejadlo que se vaya, para que no regresen con mayores fuerzas y lo pongan en prisión los nuevos Fassures."

"No hay peligro... Mientras retumbe el ruido del león no saldrán las hienas..."

La gente habla y hace sus comentarios. Todo es un revoltijo.

"Os engañáis" dice -todo hecho una miel- un fariseo a quien le siguen unos de su ralea y algunos doctores de la Ley. "Os equivocáis No debéis creer que unos cuantos representen a una casta. ¡Je, je! Buenos y malos se encuentran dondequiera."

"Tienes razón. Los higos son dulces casi siempre; pero si son agrios o muy maduros, son ásperos o ácidos. Vosotros sois de estos. Como aquellos muy malos del cesto del profeta Jeremías" se oye una voz que parte de en medio de la gente. No conozco al que habló, pero debe ser conocido entre ellos y de valer, porque veo que la gente asiente a sus palabras, y noto que el fariseo se traga el golpe sin reaccionar.

Y ahora con mayor dulzura se dirige al Maestro y le dice: "Espléndido tema para tu Sabiduría. Háblanos, Rabbí, sobre ello. Tus explicaciones son tan... nuevas... tan... doctas... Las saboreamos con hambre sin igual."

 

"También tienes otra hambre que no confiesas, Elquías,

 y que tienen también tus amigos.

 Pero también se os dará esa comida... 

Y más agria que los higos. 

Os echará a perder a vuestro interior 

como los higos agrios hacen con el estómago."

 

Jesús mira fijamente a este fariseo y le responde. "También tienes otra hambre que no confiesas, Elquías, y que tienen también tus amigos. Pero también se os dará esa comida... Y más agria que los higos. Os echará a perder a vuestro interior como los higos agrios hacen con el estómago."

"¡No, Maestro, te lo juro en nombre del Dios vivo! Yo y mis amigos no tenemos otra hambre que la de oírte hablar... Dios está viendo que..."

"Basta. El honrado no tiene necesidad de juramentos. Sus acciones le son además de testigos. Pero no voy a hablar de los higos buenos y de los malos..."

"¿Por qué, Maestro? ¿Tienes miedo de que los hechos contradigan a tus explicaciones?"

"¡Oh, no! Al revés."

"¿Entonces nos prevés matanzas, oprobios, la espada, la peste, el hambre?"

"Esto y algo más."

"¿Algo más? ¿Qué puede ser? ¿Luego Dios no nos ama más?"

"Tanto os ama que ha cumplido con su promesa."

"¿Tú? ¿Eres Tú la promesa?"

"Lo soy Yo."

"¿Cuándo fundas tu Reino?"

"Sus fundamentos ya están echados."

"¿En dónde?" 

"En el corazón de los buenos."

"Pero, eso no es un reino. Es un enseñamiento."

"Mi Reino, siendo espiritual, tiene por súbditos a los corazones. Y estos no necesitan de palacios, ni de edificios, ni de guardias, ni de murallas; sino de conocer la Palabra de Dios y de ponerla en práctica, lo que está sucediendo entre los buenos."

"Pero ¿puedes tú acaso decir esta Palabra? ¿Quién te autorizo para ello?"

"El hecho de que la poseo."

"¿Qué posees?"

"La Palabra. Doy lo que soy. Uno que tiene vida puede dar la vida. Uno que tiene plata, puede dar plata. Yo tengo por mi eterna Naturaleza la Palabra que traduce el Pensamiento divino y Yo doy la Palabra, El Amor que me incita a hacer este don, me incita a dar a conocer el Pensamiento del Altísimo que es mi Padre."

"¡Ten cuidado con lo que dices! Son palabras audaces. Podrías hacerte daño a Ti mismo."

 

"Más me hará si mintiese, porque sería lo mismo que

 desconocer mi Naturaleza 

y renegar de Aquel de quien procedo."

 

"Más me hará si mintiese, porque sería lo mismo que desconocer mi Naturaleza y renegar de Aquel de quien procedo."

"Luego ¿Tú eres Dios, el Verbo de Dios?"

"Sí."

"¿Y tan frescamente lo dices? ¿Ante tantos testigos que podrían denunciarte?"

"La Verdad no miente. La Verdad no hace cálculos. La Verdad es heroica."

"¿Y esto es verdad?"

"La Verdad es el Que os habla. Porque el Verbo de Dios traduce el Pensamiento de Dios, y Dios es Verdad."

La gente se ha hecho todo orejas. El silencio es profundo. Con toda atención sigue el diálogo. De otras partes ha llegado más gente. El patio está a reventar. Centenares de caras están fijas en un solo punto. Y se asoman más y más caras por las salidas que se comunican con otros patios. Miran con el cuello alargado, escuchan atentos.

El sinedrista Elquías y sus compinches miran... Hay una verdadera red de miradas. Pero se controlan. Hasta un viejo doctor pregunta todo cortesía: "Y para evitar los castigos que prevés, ¿qué se debería hacer?"

"Seguirme. Y sobre todo creer en Mí. Y todavía más, amarme."

"¿Eres un amuleto que traiga fortuna?"

"No. Soy el Salvador."

"Pero no tiene ejércitos..."

 

y acordaos por bien vuestro, 

por compasión a vuestras almas, 

acordaos de las palabras del Señor dichas a Moisés y a 

Aarón cuando todavía estaban en tierra de Egipto: 

 

"Me tengo a Mí mismo. Acuérdate, y acordaos por bien vuestro, por compasión a vuestras almas, acordaos de las palabras del Señor dichas a Moisés y a Aarón cuando todavía estaban en tierra de Egipto: "Cada uno del pueblo de Dios tome un cordero sin defecto, de un año. Uno por cada hogar, y si no alcanza el número de los de familia para comerse todo el cordero, llame a sus vecinos. Lo inmolaréis el catorce de Abid, que ahora se llama Nisán, y con su sangre rociaréis los postigos, y arquitrabes de las puertas de vuestros hogares. En la misma noche comeréis sus carnes asadas al fuego, con pan sin levadura y lechugas silvestres. Y lo que sobrare lo quemaréis. Comeréis con los vestidos ceñidos, con las sandalias calzadas, con el bordón en la mano, de prisa, porque es el 'pasar al otro lado' del Señor. Y esa noche pasaré, hiriendo a todo primogénito bien sea de hombre, bien de bestia, en que no esté puesta la señal de la sangre del cordero. Ahora en el nuevo 'pasar' de Dios, el realmente verdadero, porque Dios está pasando entre vosotros de una manera visible, que podéis reconocerlo por sus señales, se salvarán los que estén señalados con la Sangre del Cordero, señal salutífera. En verdad que todos seréis señalados pero solo los que amen al Cordero, y amen su Señal, obtendrán la salvación por medio de esa Sangre. Para los otros, no será más que la marca de Caín. Sabéis muy bien que Caín no vio más el rostro del Señor, ni jamás tuvo reposo. Llevando sobre sus espaldas el remordimiento, el castigo que le había infligido Satanás su cruel tirano, huyó, escapó por la faz de la tierra mientras vivió sobre ella. Es una figura, una figura expresiva de lo que sucederá al pueblo que asesine al nuevo Abel..."

"También Ezequiel habla de la Tau... ¿Crees que tu Señal sea la Tau de Ezequiel?"

"Es esa."

"¿Nos acusas entonces de que en Jerusalén haya abominaciones?"

"No quisiera hacerlo, pero así son las cosas."

"Y entre los señalados con la Tau ¿no hay pecadores? ¿Puedes jurarlo?"

 

Pero os aseguro que si entre los señalados 

hubiere pecadores, su castigo será peor, 

porque los adúlteros del espíritu, los renegados, 

los asesinos de Dios, 

serán los más grandes en el Infierno 

después de que le sirvieron a éste en la tierra.

 

"No juro nada. Pero os aseguro que si entre los señalados hubiere pecadores, su castigo será peor, porque los adúlteros del espíritu, los renegados, los asesinos de Dios, serán los más grandes en el Infierno después de que le sirvieron a éste en la tierra."

"Pero los que no puedan creer que Tú eres Dios, no tendrán ningún pecado. Serán justificados..."

"No. Si no me hubierais conocido, si no hubierais podido comprobar mis obras, si no hubierais podido examinar mis palabras, no tendríais culpa. Si no fuerais doctores en Israel, no tendríais culpa. Pero conocéis las Escrituras y estáis viendo mis obras. Podéis sacar la conclusión. Y si lo hacéis honradamente, vedme en las palabras de la Escritura, y las palabras de ella vedlas trasladadas en acciones mías. Por esto no seréis justificados de no haberme conocido. Me habéis odiado. Demasiadas abominaciones, demasiados ídolos, demasiadas fornicaciones hay dónde sólo Dios debería estar. Y las hay en cada lugar donde estáis. La salvación la tenéis si dejáis aquellas y acogéis a la Verdad que os habla. Y por esto donde vosotros asesináis, o tratáis de hacerlo, seréis asesinados. Y por esto seréis sentenciados a muerte en los límites de Israel, allí donde para nada sirve el poder humano y sólo el Eterno es el Juez de sus creaturas."

"¿Por qué hablas en esta forma, Señor? Estás irritado."

 

Digo la verdad. Soy la Luz. La Luz fue enviada para que

 iluminase las Tinieblas. Brilla por todas partes. 

Hubiera sido inútil que el Altísimo hubiese enviado su Luz, 

si luego la hubiese ocultado bajo la fanega

 

"Digo la verdad. Soy la Luz. La Luz fue enviada para que iluminase las Tinieblas. Brilla por todas partes. Hubiera sido inútil que el Altísimo hubiese enviado su Luz, si luego la hubiese ocultado bajo la fanega. Ni siquiera los hombres lo hacen cuando encienden la luz, porque entonces sería inútil el haberla prendido. Si la prenden es para que ilumine y para que quien entra, vea. Yo, en la casa terrena de mi Padre que está oscurecida, he venido a encender la Luz para que quien esté en ella, vea. Y la Luz brilla. Bendecidla si con sus rayos limpísimos descubre reptiles, escorpiones, trampas, telarañas, hendiduras. Lo hace porque os ama. Para que podáis conoceros, limpiaros, para que arrojéis a los animales dañinos: las pasiones y los pecados, y os volváis a formar antes de que sea muy tarde, para que veáis dónde ponéis el pie: en la trampa que Satanás os ha puesto y para que no caigáis en ella. Pero para ver, además de la luz clara, se necesitan ojos claros. Por el ojo en que hay pus, no pasa la luz. Limpiaos vuestros ojos. Limpiad vuestro espíritu para que la Luz pueda bajar en vosotros. ¿Qué necesidad hay de perecer en las Tinieblas cuando el que es todo bondad os ha enviado la Luz y la Medicina para que os curéis? Todavía no es demasiado tarde. Venid, todavía tenéis tiempo. Venid a la Luz, a la Verdad, a la Vida. Acercaos a vuestro Salvador que os tiende los brazos, que os abre el corazón, que os suplica que lo acojáis para vuestro bien eterno."

Jesús tiene una actitud suplicante, amorosa. No respira más que amor... Aun las fieras más tercas, las más ebrias de odio, sienten el amor; sus armas se doblegan ante él; su veneno pierde su fuerza.

Se miran. Luego Elquías en nombre de todos dice: "Has hablado bien, Maestro. Te ruego que aceptes el banquete que te ofrezco para honrarte."

"No exijo otra honra que la de conquistar vuestras almas. Déjame en mi pobreza..."

"No creo que vayas a insultarme con no aceptar."

"No te ofendo. Te ruego que me dejes con mis amigos."

 

Jesús acepta ir al banquete que le ofrece Elquías

 

"También ellos están invitados. ¡Quién puede dudarlo! También ellos contigo. Es una gran honra para mi casa... ¡Un gran honor!... ¡Vas también a la casa de otros poderosos. ¿Por qué no a la mía, la de Elquías?"

"Está bien... iré. Pero ten en cuenta que no podré hablar en lo privado de otro modo del que he hablado aquí, entre la gente."

"¡Ni tampoco yo! ¡Ni tampoco mis amigos! ¿Lo dudas acaso?..."

Jesús lo mira fijamente. Luego añade: "No dudo sino de lo que ignoro. Pero no ignoro el pensamiento de los hombres. Vamos."

Y al lado de Elquías sale fuera del Templo. Lo siguen sus apóstoles, que no tienen muchas ganas de ir, mezclados con los amigos de Elquías.

VII.638-644

A. M. D. G.