"YO SOY LA LUZ DEL MUNDO"

 


#Jesús en el Templo de Jerusalén   

#Dice Jesús: "Yo soy la Luz del mundo. Quien me sigue no camina en las tinieblas sino que tendrá la luz de la vida"   

#Dios, el Altísimo, el Espíritu Perfecto e Infinito es Luz de Amor, Luz de Sabiduría, Luz de Poder, Luz de Bondad, Luz de Belleza.   

#El Señor crea todas las cosas   

#En verdad que el Altísimo dio ab eterno a aquel en quien se complace todo, y quiso que la Luz fuese la primera y la más poderosa, para que sin tener que esperar a subir a los cielos los hombres conociesen las maravillas de la Trinidad,   

#Yo soy la Luz del mundo. Quien me sigue no camina en las tinieblas, y tiene la luz de la Vida.   

#Ni siquiera Moisés vio a Dios en el Horeb... Y ahora dices que viste a Dios   

#"Dios es Luz y Yo soy cual es su Luz para que los hijos conozcan a su padre y para que cada uno se conozca a sí mismo.  

#Aunque Yo dé testimonio de Mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy.  

 #El Padre habló de Mí en el Jordán

 


 

Jesús en el Templo de Jerusalén

Jesús está todavía en Jerusalén, no dentro de los patios del Templo, pero sí dentro de un amplio salón bien adornado, uno de tantos como hay en el recinto que es grande, inmenso como una villa.

Hace poco que ha entrado. Todavía caminando lleva a su lado a quien lo invitó a entrar, probablemente para que se defendiese del frío viento que sopla en el Moria, y detrás de Él van los apóstoles y alguno que otro discípulo. Digo: "alguno que otro" porque además de Isaac y Marziam, está Jonatás, y mezclados entre la gente que también entra detrás del Maestro, está aquel levita, Zacarías, que hace pocos días antes le dijo que quería ser su discípulo, y también hay otros dos que he visto con los discípulos, pero cuyo nombre ignoro. Entre éstos, buenos de corazón, no faltan los acostumbrados e inevitables fariseos. Se detienen junto a la puerta, como si se hubiesen encontrado allí por mera casualidad para hablar de sus negocios, pero con la intención de oír. Los presentes arden en deseos de oír la palabras del Señor.

El mira este conjunto en que hay gente de varias naciones, pero todas de religión hebrea. La contempla. Muchos de ellos mañana se esparcirán por las regiones de donde vinieron y llevarán a ellas su palabra diciendo: "Hemos escuchado al Hombre que se dice ser nuestro Mesías." No les habla de la ley en la que están instruidos, como ha hecho muchas veces, cuando comprende que no lo están, o que tienen opiniones diversas; sino que habla de Sí mismo, para que lo conozcan.

 

Dice Jesús: 

"Yo soy la Luz del mundo. 

Quien me sigue no camina en las tinieblas 

sino que tendrá la luz de la vida"

 

Dice: "Yo soy la Luz del mundo. Quien me sigue no camina en las tinieblas sino que tendrá la luz de la vida". Se calla, después de haber anunciado el tema del discurso que intenta desarrollar, como lo hace generalmente cuando está por pronunciar uno de mucha importancia. Se calla para dejar que la gente decida si el argumento le gusta o no, y dar también tiempo a que se vaya quien no tenga interés en el tema. De los presentes ninguno se va; más bien los fariseos que estaban en la puerta, trabados en una plática disimulada y fingida, se callan, y se vuelven hacia lo interior de la sinagoga a las primeras palabras de Jesús. Entran abriéndose paso con su prepotencia usual.

 

Dios, el Altísimo, el Espíritu Perfecto e Infinito 

s Luz de Amor, 

Luz de Sabiduría, 

Luz de Poder, 

Luz de Bondad, 

Luz de Belleza.

 

Cuando el rumor cesa, Jesús repite la anterior frase con voz más fuerte, y continúa: "Yo soy la Luz del mundo, porque soy Hijo del Padre que es el Padre de la Luz. El hijo siempre se asemeja al padre que lo engendró y tiene su misma naturaleza. De igual modo Yo me asemejo al que me engendró y tengo su misma naturaleza. Dios, el Altísimo, el Espíritu Perfecto e Infinito es Luz de Amor, Luz de Sabiduría, Luz de Poder, Luz de Bondad, Luz de Belleza. El es el Padre de las luces y quien vive de Él y en Él ve, porque está en la Luz, así como es deseo de Dios que las criaturas lo contemplen. Ha dado al hombre inteligencia y voluntad para que pueda ver la Luz, esto es, a Él mismo, y comprenderla y amarla. Ha dado al hombre los ojos para que pueda ver la cosa más bella y más perfecta de todo lo creado, aquella por la cual es visible la creación, la que fue una de las primeras obras del Dios Creador y que lleva consigo la señal más visible del que la creó: la luz, incorpórea, luminosa, beatífica, consoladora, necesaria así como lo es el Padre de todos: el Dios eterno y Altísimo.

 

El Señor crea todas las cosas

 

Por una orden de su Pensamiento creó el firmamento y la tierra, esto es, la masa de la atmósfera, la masa del polvo, lo incorpóreo y corpóreo, lo ligero y lo pesado, pero ambas cosas estaban informes y sin adornos porque estaban envueltas en las tinieblas, sin astros, sin vida. Para dar a la tierra y al firmamento su verdadera fisonomía, para hacer dos cosas bellas, útiles, aptas para la prosecución de su obra creadora, el Espíritu de Dios -que se cernía sobre las aguas y que era una sola cosa con el Creador que creaba y con el Inspirador que empujaba a crear para poder amarse no sólo a Sí mimos en el Padre y en el Hijo, sino también amar un número inmenso de criaturas que llevan por nombre, astros, planetas, agua, mares, selvas, plantas, flores, animales que vuelan, que nadan, que se arrastran, que corren, que saltan, que trepan, y finalmente al hombre, el más perfecto de lo creado, más perfecto que el sol porque tiene alma además de materia, inteligencia además del instinto, libertad además del orden, al hombre semejante a Dios por el espíritu, semejante al animal por la carne, semidiós que se convierte en dios por la gracia de Dios y voluntad propia, al ser humano que si quiere puede transformarse en ángel, al ser más amado de lo creado para el que, desde antes que el tiempo existiese y sabiendo que pecaría, preparó el Salvador, la Víctima en el Ser amado sin medida, en el Hijo, en el Verbo, por quien todo fue hecho - pero para dar a la tierra y al firmamento su verdadera fisonomía, decía Yo, entonces el Espíritu de Dios, cerniéndose en el cosmos grita, y es la Palabra que por primera vez se manifiesta: "Hágase la luz", y la luz es buena, salutífera, poderosa en el día, tenue en la noche, pero que no terminará sino hasta cuando llegue su tiempo. Dios sacó del océano de sus maravillas, de su trono, de su seno, la piedra preciosa más bella que fue la luz y es la que precedió al joyel más precioso que fue la creación del hombre, en el que no hay una piedra preciosa de Dios, sino Dios mismo con su aliento que entró en el lodo para hacer un cuerpo, para dar una vida y crear un heredero suyo en el Paraíso celestial donde espera a los justos, a sus hijos, para regocijarse en ellos y ellos en Él.

 

En verdad que el Altísimo dio ab eterno 

a aquel en quien se complace todo, 

y quiso que la Luz fuese la primera y la más poderosa, 

para que sin tener que esperar a subir a los cielos 

los hombres conociesen 

las maravillas de la Trinidad

 

Si desde los principios de la creación Dios quiso que en sus obras estuviese la luz, si para hacer la luz se sirvió de su palabra, si Dios entregó a sus seres más amados su semejanza más perfecta: la luz, luz material que regocija, que es incorpórea, la luz espiritual llena de sabiduría y de santificación, ¿podrá no haber entregado al Hijo de su amor lo que es Él mismo? En verdad que el Altísimo dio ab eterno a aquel en quien se complace todo, y quiso que la Luz fuese la primera y la más poderosa, para que sin tener que esperar a subir a los cielos los hombres conociesen las maravillas de la Trinidad, lo que hace cantar a los cielos en sus coros bienaventurados, cantar por la armonía de su júbilo pleno que llega a los ángeles al contemplar la Luz, esto es, a Dios, la Luz que llena el Paraíso y lo hace bienaventurado en todos sus habitantes.

 

Yo soy la Luz del mundo. 

Quien me sigue no camina en las tinieblas, 

y tiene la luz de la Vida.

 

Yo soy la Luz del mundo. Quien me sigue no camina en las tinieblas, y tiene la luz de la Vida. Así como la luz de la tierra informe trajo la vida a plantas y animales, de igual modo mi Luz concede a los espíritus la vida eterna. Yo, Yo la Luz, creo en vosotros la vida y la sostengo, la aumento, os vuelvo a crear en ella, os transformo, os conduzco a la mansión de Dios por los caminos de la sabiduría, del amor, de la santificación. Quien tiene en sí a la Luz, tiene en sí a Dios, porque la Luz es una sola cosa con la caridad, y quien tiene la caridad tiene a Dios. Quien tiene en sí la Luz, tiene en sí la vida, porque Dios está allí donde se acepta a su Hijo amado."

 

Ni siquiera Moisés vio a Dios en el Horeb... 

Y ahora dices que viste a Dios

 

"Estás diciendo palabras sin sentido. ¿Quién jamás ha visto a Dios? Ni siquiera Moisés vio a Dios en el Horeb. Apenas supo quién le hablaba desde la zarza ardiente, se cubrió el rostro, y tampoco pudo verlo las otras veces en medio de los deslumbradores rayos. Y ahora dices que viste a Dios. A Moisés que fue el único que lo oyó hablar, se le quedó un resplandor en su cara. Pero ¿Tú, qué luz tienes en tu rostro? Eres un pobre galileo de cara pálida como lo sois casi todos vosotros. Estás enfermo, cansado. Estás flaco. Si hubieses visto en realidad a Dios, y si te amase, no estarías como uno que está próximo a morir. ¿Tú que no tienes la vida ni para Ti mismo, quieres darla a otros?" y sacuden su cabeza, con irónica compasión.

 

"Dios es Luz y Yo soy cual es su Luz 

para que los hijos conozcan a su padre y 

para que cada uno se conozca a sí mismo.

 

"Dios es Luz y Yo soy cual es su Luz para que los hijos conozcan a su padre y para que cada uno se conozca a sí mismo. Yo conozco a mi Padre y sé quién soy. Soy la Luz del mundo. Soy la Luz porque mi Padre es la Luz y me ha engendrado dándome su Naturaleza. La Palabra no es desemejante al Pensamiento, porque la palabra expresa lo que la inteligencia piensa. Por otra parte, ¿no conocéis los profetas? ¿No os acordáis de Ezequiel y sobre todo de Daniel? Al describir a Dios, que vio en la visión, sobre el carro de cuatro animales, dice el primero: "En el trono había uno cuyo aspecto parecía el de un hombre y dentro de él y a su alrededor vi una especie como de rayo, parecido al fuego, y por detrás y por debajo de él vi algo así como fuego que resplandecía a su alrededor, como el aspecto del arco iris cuando se forma en las nubes después de la lluvia. Tal era el aspecto del resplandor a sus lados". Daniel dice: "Estaba yo contemplando hasta que fueran puestos los tronos y se sentó el Anciano de días. Sus vestiduras eran blancas como la nieve, sus cabellos cual blanquísima lana. Llamas vivas eran su trono y las ruedas de su trono eran fuego abrasador. Un río de fuego corría rápidamente ante su rostro". Así es Dios y así seré cuando venga a juzgaros."

"Tu testimonio no vale nada. Das testimonio de Ti mismo, por eso tu testimonio ¿qué valor puede tener? Para nosotros no lo tiene".

 

Aunque Yo dé testimonio de Mí mismo, 

mi testimonio es verdadero, 

porque sé de dónde he venido y adónde voy.

 

"Aunque Yo dé testimonio de Mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy. Vosotros no sabéis de dónde haya venido ni a dónde vaya. Tomáis por sabiduría lo que veis. Yo al contrario conozco todo lo que es desconocido al hombre, y vine para que lo conozcáis. Por esto he dicho que soy la Luz. Porque la luz permite conocer lo que las sombras ocultan. En el cielo hay luz, en la tierra reinan las tinieblas y ocultan la verdad a los espíritus porque las tinieblas odian el corazón de los hombres y no quieren que conozcan la Verdad y las verdades para que no se santifiquen. Por esto he venido, para que tengáis luz y por lo tanto vida. Pero no me queréis aceptar. Queréis juzgar de lo que ignoráis y esto no lo podéis hacer porque está muy arriba de vosotros y es incomprensible a cualquiera que no contemple con los ojos del corazón, con espíritu humilde y nutrido de la fe. Vosotros juzgáis según el modo humano, por esto vuestro juicio no puede ser verdadero. Yo al contrario no juzgo a nadie, con tal que pueda abstenerme de juzgar. Os contemplo con misericordia y ruego por vosotros para que os abráis a la Luz. Pero cuando tenga que juzgar, entonces mi juicio es verdadero porque no estoy solo, sino con el Padre que me envió, y Él ve desde su gloria el interior de los corazones. Y como ve el vuestro, ve el mío. Si viese en mi corazón un juicio injusto, por el amor que me tiene y por el honor de la justicia, me lo advertiría. Yo y el Padre juzgamos de un solo modo y por esto somos dos para juzgar y para dar testimonio. En vuestra ley está escrito que el testimonio de dos que afirman la misma cosa tiene que aceptarse por verdadero y válido. Así pues Yo doy testimonio de mi Naturaleza y conmigo el Padre que me envió. Por esto, lo que Yo digo es verdad."

"Nosotros no oímos la Voz del Altísimo. Tú dices que es tu Padre..."

 

El Padre habló de Mí en el Jordán

 

"Él habló de Mí en el Jordán..."

"Está bien. Pero no eras el único allí. Estaba también Juan. Podía haber hablado de él. Él fue un gran profeta."

"Con vuestras mismas palabras os condenáis. Decidme: ¿quién habla por los labios de los profetas?"

"El Espíritu de Dios."

"¿Fue Juan para vosotros un profeta?"

"Uno de los más grandes, sino el mayor."

"Entonces, ¿porque no habéis creído en sus palabras? Él me señaló como el Cordero de Dios que vino a borrar los pecados del mundo. Respondía a quien le preguntaba si él era el Mesías: "No lo soy, sino quien lo precede. Detrás de mí viene el que en realidad es anterior a mí porque existe antes de mí, y yo no lo conocía, pero el que me tomó desde el vientre de mi madre y el que me habló en el desierto y me envió a bautizar, me dijo: 'Sobre quien vieras descender el Espíritu, Él es el que bautizará en el Espíritu Santo y en fuego". ¿No os acordáis? Y sin embargo muchos de vosotros estuvisteis presentes... ¿Por qué pues no creéis al profeta que me señaló después de haber escuchado las palabras del cielo? ¿Debo decir esto a mi Padre: que su Pueblo no cree más en los profetas?"

"¿Y dónde está tu padre? José el carpintero hace años que duerme en el sepulcro. Tú no tienes más padre."

"Vosotros no me conocéis ni a mi Padre. Si me quisierais conocer, conoceríais también a mi verdadero Padre."

"Estás poseído del demonio, y eres un mentiroso. Eres un blasfemo al sostener que el Altísimo es tu padre. Merecerías que se te castigase según la ley."

Los fariseos y los otros del Templo vociferan amenazadores mientras la gente defensora de Jesús los mira con torva actitud.

Jesús los contempla sin añadir palabra. Después sale del salón por una puertecilla lateral que comunica con un patio.

IX. 470-475

A. M. D. G.