JESÚS, SAMUEL, JUDAS Y JUAN

 


#Jesús se encuentra con Samuel, el antiguo discípulo de Jonatás ben Uziel. Está pensativo. Suspira. Mueve la cabeza...   

#¿Y no podemos hacerlo juntos, meditar, hablar con el espíritu elevado a Dios... olvidando a los hombres y sus debilidades...?   

#Pero estás triste, pese a que el cambio debería hacerte feliz. Estás triste. Sufres. Te aíslas   

#Soy Yo el primero, en mi doble Naturaleza, quien anhela por ese altar, y quisiera verlo rodeado de santidad como conviene   

#... por qué Judas mi apóstol, es lo que es, y me causa dolor a Mí, a quien me rodea, o a quien viene a Mí, como a ti que has venido   

#¡Oh, Dios no desilusiona a los "buenos" deseos del hombre, porque es Él quien los enciende en vuestros corazones!   

#Me basta que me asegures que no pecaré." "Te lo aseguro. No lo harás porque no quieres que te suceda   

#Maestro, ¿pero cómo puedes ser lo que eres, sabiendo esto?   

#Jesús habla con Judas   

#"Si el debe ser el Redentor, debe sufrir realmente. ¿No te acuerdas de David y de Isaías?"   

#En verdad te digo, Judas, que sufro y sufriré como ningún hombre   

#Abrazo el dolor como la fuerza mayor para llegar a la felicidad perfecta que es la de amar al prójimo hasta sufrir para darle alegría, hasta morir por él  

 #"Lo sé. Y sé aun lo que no sabes; mas espero en la misericordia de Dios. Él que es misericordioso con los pecadores tendrá también misericordia de Mí. No lo pido que no sufra, sino de saber sufrir.   

#No. No eres un espía. Eres un demonio. Has robado a la serpiente su prerrogativa de seducir y de engañar para apartar de Dios   

#Jesús se encuentra con Juan   

#Vienen al encuentro de Jesús varios hombre y una mujer con dos bellos panales de miel   

#El Trabajo. Trabajar siempre para conseguir la virtud es cosa lícita, más bien, obligatoria. No así cuando se hace por lucro   

#Parábola de las abejas "sobre todo a los operarios de Dios propongo las abejas de modelo  

 #¡Oh, milagro en seres tan pequeños! ¡Cuánto enseñáis a los hombres!..."   

#¿Ha vuelto Judas a causarte dolor, no es verdad? Lo mismo habrá hecho a Samuel   

#Hay criaturas que parecen vivir para destruir el bien que hay en sí sabes cómo se mueva la vela cuando el ventarrón se echa sobre ella Se inclina hacia el agua que se convierte en peligro, es necesario arriarla, de otro modo en lugar de salvar, llevaría a la muerte. Pero si el ventarrón cesa, la vela se hincha y veloz corre hacia el puerto.  

 #Judas nos interrumpió allá arriba... Quiero avisarte que te enviaré con mis apóstoles después del día siguiente al sábado 

  #Eres en realidad el Maestro bueno y se inclina a besarle la mano

 


 

Nuevamente Jesús, solo y absorto, se dirige lentamente al espeso del bosque, al oeste de Efraín. Del arroyo sale el choque del agua y de los árboles el canto de los pajarillos. La luz del sol es tibia bajo lo tupido de las ramas, y caminar sobre la hierba tupida no produce ruido alguno. Los rayos del sol forman una alfombra de ruedas o de rayos doradas en lo verde de la hierba, y los pétalos de alguna florecilla que hieren los rayos directamente parece como si fueran astillas brillantes.

Jesús va subiendo a un risco como balcón, sobre el que se levanta una gigantesca encina de la que penden ramas de mora o rosa selvática que se mueven, de hiedras o clemátides que no encontrando apoyo en donde nacieron, demasiado estrecho para su exuberante fuerza, se lanzan al vacío como una cabellera despeinada, tienden sus brazos como para asirse a cualquier objeto.

 

Jesús se encuentra con Samuel, el antiguo discípulo de

 Jonatás ben Uziel. 

Está pensativo. Suspira. Mueve la cabeza...

 

Jesús ha llegado a la cima. Camina hacia su extremidad, haciendo a un lado las ramas. Una parvada de pajarillos huye impelidos por el miedo. Jesús se pone a mirar al que lo precedió, que a la orilla del peñasco, con los codos apoyados sobre el suelo y sobre ellos su cara, mira al vacío, hacia Jerusalén. El hombre es Samuel, el antiguo discípulo de Jonatás ben Uziel. Está pensativo. Suspira. Mueve la cabeza...

Jesús mueve las ramas para llamar su atención y al ver que el otro no cae en la cuenta, le echa una piedra entre la hierba que rueda hacia abajo. El ruido saca de sí al joven que se vuelve: "¿Quién es ?"

"Yo, Samuel. Te me adelantaste a uno de mis lugares preferidos para orar" responde Jesús asomándose tras del tronco de la encina, y lo hace como si hubiera llegado en esos momentos.

"¡Oh, Maestro... me desagrada! Al punto te dejo el lugar" dice levantándose aprisa y recogiendo el manto que se había quitado para ponérselo debajo.

"No. ¿Por qué? Hay lugar para dos. Es tan hermoso este lugar. Tan solo, suspendido en el vacío, iluminado y plano hacia adelante. No lo dejes."

"Quiero dejártelo para que ores..."

 

¿Y no podemos hacerlo juntos, meditar, 

hablar con el espíritu elevado a Dios... olvidando 

a los hombres y sus debilidades...?

 

"¿Y no podemos hacerlo juntos, meditar, hablar con el espíritu elevado a Dios... olvidando a los hombres y sus debilidades, pensando en Dios nuestro Padre, en Él que es bueno con todos los que lo buscan y lo aman con buena voluntad?"

Samuel se sacude de sorpresa cuando Jesús dice "olvidando a los hombres y sus debilidades..." mas no replica. Vuelve a sentarse.

Jesús se sienta a su lado en la hierba. "Siéntate aquí. Mira qué limpio está el día. Si tuviéramos ojos como el águila podríamos ver los poblados que blanquean sobre las crestas de los montes que rodean Jerusalén. Y tal vez, podríamos ver un punto resplandeciente como una piedra preciosa en el aire que haría palpitar más nuestro corazón: la cúpula de oro de la casa de Dios... Mira, allá está Betel. Blanquean sus casas, y más allá Berot. ¡Qué astutos fueron los antiguos habitadores de esos lugares y vecindades! Lo lograron aun cuando el engaño no sea un arma buena. Lo lograron porque lo hicieron para servir al verdadero Dios. Hay que perder siempre las honras humanas para conseguir la vecindad con lo divino, aun cuando los honores humanos fuesen muchos y de gran estima, y la cercanía con lo divino sea algo humilde y desconocida. ¿No es verdad?

"Así es, Maestro. Igual me pasó a mí."

 

estás triste, pese a que el cambio debería hacerte feliz. 

Estás triste. Sufres. Te aíslas

 

"Pero estás triste, pese a que el cambio debería hacerte feliz. Estás triste. Sufres. Te aíslas. Miras hacia los lugares abandonados como si fueras un pájaro cautivo, que dentro de su jaula se queja los lugares en que tuvo sus amores. No digo que no lo hagas. Eres libre. Puedes irte y..."

"Señor, ¿te ha hablado Judas acaso mal de mí que así me hablas?"

"No. Judas no me ha hablado nada. A Mí no me ha dicho nada, pero a ti, sí. Y tú estás triste por esto, y te aíslas desconsolado por esto."

"Señor, si sabes estas cosas sin que nadie te las haya dicho, sabrás también que no tengo deseos de dejarte, porque no me hubiera arrepentido, por nostalgia del pasado... ni siquiera por temor a los hombres que podrían castigarme, por ninguna de esas cosas estoy triste. Miraba hacia allá, es verdad, en dirección de Jerusalén, pero no por ansia de regresar. Quiero decir como fui antes. Cierto que tengo ansias de regresar como un israelita que desea entre en la casa de Dios y adorar al Altísimo, como todos las sentimos, y no creo que puedas reprocharme esto."

 

Soy Yo el primero, en mi doble Naturaleza, quien anhela 

por ese altar, y quisiera verlo rodeado de santidad 

como conviene

 

"Soy Yo el primero, en mi doble Naturaleza, quien anhela por ese altar, y quisiera verlo rodeado de santidad como conviene. Como Hijo de Dios cualquier cosa que lo honra es para Mí un cántico, y como Hijo del hombre, como israelita, y por lo tanto Hijo de la ley, veo el Templo y el altar como el lugar más sagrado de Israel, alrededor del cual puede estar nuestro ser vecino a Dios y llenarse del perfume que rodea su trono. Samuel, Yo no anulo la ley. Es sagrada para Mí porque mi Padre la dio. La perfecciono y pongo en ella cosas nuevas. Puedo hacerlo porque soy su Hijo. Para eso me mandó, para fundar el espiritual de mi Iglesia, contra la que ni el tiempo, ni los hombres, ni los demonios podrán hacer algo. Pero las tablas de la ley no tendrán sino un honor en mi Iglesia, pues son eterna, perfectas, intocables. Mi palabra no anula el "no hacer esto o aquello" que se encuentra en las tablas, que brevemente dictan lo que es suficiente para que cualquier hombre pueda ser justo a los ojos de Dios. Sólo os digo que cumpláis con esas leyes perfectamente, no por temor al castigo de Dios, sino por amor a Él que es vuestro Padre. He venido para que pongáis vuestra mano filial en la de vuestro Padre. ¡Cuántos siglos han pasado en que están divididas esas manos! El castigo las separaba, la culpa las separaba. Llegado el Redentor, el pecado está para ser anulado. Las barreras caen. Nuevamente sois hijos de Dios."

"Es verdad. Eres bueno y me consuelas. Como sabes mi angustia no te la manifestaré. Pero te pregunto: ¿por qué los hombres son tan malos, tan necios, tan imbéciles? ¿Qué mañas usan para podernos sugestionar diabólicamente al mal? ¿Y por qué somos tan ciegos de no ver la realidad y creer en las mentiras? ¿Cómo podemos llegar a ser así demonios? ¿Y seguirlo siendo cuando se está tan cerca a Ti? Miraba allá y pensaba... Sí, pensaba en cuánto veneno sale de allá para hacer mal a los hijos de Israel. Pensaba cómo la sabiduría de los rabinos puede mancomunarse con tanta maldad que sea capaz de arrastrar al hombre al engaño. Pensaba yo, sobre todo pensaba en que..." Samuel, que había hablado con ímpetu se detiene y baja la cabeza.

 

por qué Judas mi apóstol, es lo que es, y me causa dolor a Mí,

 a quien me rodea, o a quien viene a Mí, 

como a ti que has venido

 

Jesús termina la frase: "... por qué Judas mi apóstol, es lo que es, y me causa dolor a Mí, a quien me rodea, o a quien viene a Mí, como a ti que has venido. Lo sé. Judas trata de alejarte de aquí y te hace insinuaciones y burla..."

"No sólo de mí... Me envenena mi gozo de haber entrado en la justicia con tantas mañas que pienso de estar aquí como un traidor, traidor para mí y para Ti. Para mí porque me engaño de ser mejor, mientras que no es así, porque seré causa de tu ruina. De veras que todavía no me conozco... podría, si encontrase a los del Templo, ceder a mi propósito y ser... ¡Oh! si lo hubiera hecho antes, habría tenido la excusa de no conocer lo que eres, porque solamente sabía de Ti lo que me habían dicho para convertirme en un maldito... ¿Pero si lo hiciese ahora! ¿Cuál no será la maldición que caerá sobre el traidor del Hijo de Dios! Estaba yo aquí... pensando, sí pensaba a dónde huir para estar seguro de mí mismo y de ellos. Pensaba en huir a algún lugar lejano, para unirme a los de la Diáspora... Lejos, lejos, para impedir al demonio de que me hiciera pecar... Tiene razón tu apóstol, de desconfiar de mí. Me conoce. Nos conoce a todos porque conoce a los jefes... Tiene razón de dudar de mí. Cuando dice: "¿Pero no sabes que Él nos anuncia que seremos débiles? Piensa: nosotros que somos sus apóstoles y que desde hace tanto tiempo estamos con Él. Y tú, que todavía hueles al viejo Israel, que has llegado cuando nuestro corazón tiembla de temor, ¿crees que vas a tener fuerzas para seguir siendo justo?" tiene razón." Samuel, desconsolado, baja la cabeza.

 

¡Oh, Dios no desilusiona a los "buenos" deseos del hombre,

 porque es Él quien los enciende en vuestros corazones!

 

"¡Cuántas tristezas se infligen mutuamente los hombres! En verdad que Satanás sabe aprovecharse de esta inclinación suya para aterrorizarlos y separarlos de la alegría que sale a su encuentro para salvarlo. Porque la tristeza del corazón, el temor del mañana, las preocupaciones son armas que el hombre pone en manos de su enemigo, que lo espanta con los mismos fantasmas que el hombre se crea. Hay otros hombres que hacen alianza con Satanás para espantar a sus hermanos. Pero, óyeme, ¿no hay un Padre en el cielo? ¿No es acaso un Padre que así como cuida de esta hierba nacida en la hendidura de la roca -en ella hay suficiente tierra, y está hecha de modo que la humedad del rocío, al correr por la roca, se junte en ese sutil hueco, para que pueda vivir y dar esta pequeña flor, que en su belleza no es menos admirable que el sol que resplandece allá arriba, y ambos obra perfecta del Creador- así puede cuidar de su hijo que quiere firmemente servirle? ¡Oh, Dios no desilusiona a los "buenos" deseos del hombre, porque es Él quien los enciende en vuestros corazones! Es Él, próvido y sabio, que crea las circunstancias para ayudar no sólo el deseo de sus hijos, sino para enderezar y perfeccionar un deseo de honrarlo, que de imperfecto se hace perfecto. Tú te encuentras entre éstos. Creíste, y estabas convencido de que persiguiéndome honrabas a Dios. El Padre vio en tu corazón no el odio, sino deseo de darle gloria, arrebatando del mundo al que te habían dicho que era enemigo de Dios y corruptor de almas. Entonces creó las circunstancias para escuchar tu deseo de darle gloria. Y por eso estás ahora entre nosotros. ¿Quieres pensar que Dios te abandone, ahora que te ha traído? Sólo si tú lo abandonases podría vencerte la fuerza del mal."

"No quiero. Es mi voluntad sincera" responde firmemente Samuel.

"Entonces de qué te preocupas? ¿De las palabras de un hombre? Déjalo que diga. El piensa a su modo. El pensamiento del hombre es siempre imperfecto. Voy a tener cuidado de ello."

 

Me basta que me asegures que no pecaré." "Te lo aseguro. 

No lo harás porque no quieres que te suceda

 

"No quiero que lo vayas a regañar. Me basta que me asegures que no pecaré."

"Te lo aseguro. No lo harás porque no quieres que te suceda. Mira, de nada te serviría ir a la Diáspora y hasta los confines de la tierra para preservar tu alma del odio contra el Mesías y del castigo por tal odio. En Israel muchos no se mancharán del crimen pero no serán menos culpables de los que me condenarán y dictarán mi sentencia. Contigo puedo hablar de estas cosas, porque sabes que todo tiende a esto. Conoces los nombres y las intenciones de mis enemigos más encarnizados. Tú lo has dicho: "Judas nos conoce a todos, porque conoce los jefes". Si él os conoce, también vosotros, que no sois jefes, que sois como sus lacayos, conocéis lo que se está preparando entre manos, y en qué forma y quién lo hace, qué planes se fraguan, qué medios se preparan... Por esto puedo hablar contigo. No lo podría hacer con otros... Lo que puedo padecer y compadecer, otros no lo pueden..."

 

Maestro, pero ¿cómo puedes ser lo que eres, sabiendo esto?

 

"Maestro, pero ¿cómo puedes ser lo que eres, sabiendo esto?... ¿Quién viene subiendo?" Samuel se levanta para ver. Exclama: "¡Judas!"

"Soy yo. Me dijeron que por aquí había pasado el Maestro y te encuentro a ti. Me regreso. Te dejo entregado a tus pensamientos" y ríe con esa sonrisilla que es más lúgubre que el lamento de una lechuza.

"Estoy también Yo. ¿Me necesita alguien en el poblado?" pregunta Jesús mostrándose detrás de Samuel

"¡Oh, Tú! ¡Estabas en buena compañía, Samuel! Y también tú, Maestro..."

 

Jesús habla con Judas

 

"Dices bien. La compañía de uno que abraza la justicia es siempre buena. Me buscabas para estar conmigo. Ven. Hay lugar tanto para ti como para Juan, si viniese contigo."

"Está allá abajo, con peregrinos."

"Entonces tendré que ir."

"No es necesario, se quedan hasta mañana. Juan los ha colocado en nuestros lechos. Es feliz en hacerlo. Todo lo contenta. En verdad que os asemejáis. No comprendo cómo lográis a estar siempre contentos y hasta de lo más... fastidioso."

"La misma pregunta te iba yo a hacer cuando llegaste" dice Samuel.

"¡Ah, sí! Entonces tampoco tú te sientes feliz, y te sorprendes que otros, en condiciones todavía más... duras que las nuestras, lo sean."

"Yo no soy infeliz. No hablo por mí. Pienso sólo que de donde saca el Maestro la serenidad que tiene, pese a que no ignora su futuro."

"¿De dónde? ¡Del cielo! Es natural. Es Dios. ¿Lo dudas acaso? ¿Puede un Dios sufrir? Él está sobre el dolor. El amor del Padre es para Él convicción de que sus acciones... son la salvación del mundo. Y luego... ¿Puede tener reacciones físicas como nosotros los pobres hombres tenemos? Esto sería contrario al buen sentido. Si el inocente Adán no conoció el dolor de ninguna clase, ni lo hubiera conocido, si siempre se hubiera conservado inocente, Jesús que es el super-inocente, la criatura... no sé si llamarla, increada siendo Dios, o creada porque tuvo padres...  ¡Oh, cuántos "porqués" insolubles a los que vendrán después, Maestro mío! Si Adán estaba libre del dolor por su inocencia, ¿puede pensarse que puedas sufrir?"

Jesús con la cabeza inclinada a vuelto a sentarse sobre la hierba. Los cabellos le hacen de velo, y por esto no puede ver la expresión de su rostro.

 

"Si el debe ser el Redentor, debe sufrir realmente. 

¿No te acuerdas de David y de Isaías?"

 

Samuel, de pie, cara a cara con Judas le replica: "Si el debe ser el Redentor, debe sufrir realmente. ¿No te acuerdas de David y de Isaías?"

"Sí. Pero aunque veían la figura del Redentor, no veían el auxilio inmaterial por el que el Redentor aunque fuese, digamos, torturado, no sentiría."

"¿Cuál? Una criatura puede amar el dolor, o padecerlo resignadamente, según la excelencia de su virtud. Pero siempre lo sentirá. Si no lo sintiese... no sería dolor."

"Jesús es Hijo de Dios."

"Pero no un fantasma. ¡Es un verdadero hombre! El cuerpo sufre si se le tortura. El hombre sufre si se le ofende o si se le hace objeto de burla."

"Su unión con Dios elimina en Él estas cosas humanas."

 

En verdad te digo, Judas, que sufro y sufriré 

como ningún hombre

 

Jesús levanta su cabeza y habla: "En verdad te digo, Judas, que sufro y sufriré como ningún hombre. Puedo ser feliz igualmente por la felicidad santa y espiritual de los que se libraron de las tristezas de la tierra al abrazar la voluntad de Dios como su única meta. Puedo serlo porque he superado el concepto humano de felicidad, la inquietud de no poseerla, como los hombres se la figuran. No voy detrás de lo que los hombres creen que es la felicidad, sino que cifro mi alegría en el lado contrario de lo que el hombre cree. Lo que él desprecia y huye porque le producen fatiga y dolor, para Mí son lo más dulce. No miro a la hora, miro a las consecuencias que puede acarrear en la eternidad. Mi acción cesa, pero su fruto permanece. Mi dolor termina, pero sus valores no. ¿Qué interés tiene para Mí una hora de "ser feliz" en la tierra, después de que anduve tras ella por años y lustros, si no puede venir conmigo a la eternidad, cuando debería de gozar de ella, y hacer que participen de ella a los que amo?"

"Si triunfas, nosotros, tus seguidores, participaremos de tu felicidad" exclama Judas.

 

Abrazo el dolor como la fuerza mayor para llegar a la

 felicidad perfecta que es la de amar al prójimo hasta sufrir

 para darle alegría, hasta morir por él

 

"¿Vosotros? ¿Y qué sois vosotros en comparación con las multitudes presentes, pasadas, futuras a las que mi dolor dará alegría? Yo veo más allá de la felicidad terrena. Mi mirada va a lo sobrenatural. Veo que mi dolor es gozo eterno para una inmensidad de hombres. Abrazo el dolor como la fuerza mayor para llegar a la felicidad perfecta que es la de amar al prójimo hasta sufrir para darle alegría, hasta morir por él."

"No comprendo esta felicidad" replica Judas.

"Todavía no eres sabio. De otro modo la comprenderías."

"¿Y Juan lo es? Es más ignorante que yo."

"Hablando humanamente sí, pero tiene la ciencia del amor."

"Está bien. Pero no creo que el amor haga que los palos dejen de ser palos, que las piedras dejen de serlo, y que no produzcan dolor cuando uno se pega con ellas. Siempre has dicho que amas el dolor porque  para Ti es amor, pero cuando realmente seas preso y torturado, si fuese posible, no sé si pensarás de igual modo. Piensa mientras puedes escapar al dolor. ¿Será horrible, sabes? Si los hombre te llegan a aprehender... ¡oh, no tendrán cumplimientos!"

 

"Lo sé. Y sé aun lo que no sabes; 

mas espero en la misericordia  de Dios. 

Él que es misericordioso con los pecadores tendrá

 también misericordia de Mí. No lo pido que no sufra, 

sino de  saber sufrir. 

 

Jesús lo mira con semblante palidísimo. Sus abiertos ojos parecen mirar, más allá de la cara de Judas, las torturas que lo esperan, y sin embargo envueltos en esta tristeza siguen siendo suaves y dulces, sobre todo serenos: los ojos limpios de un inocente. Responde: "Lo sé. Y sé aun lo que no sabes; mas espero en la misericordia de Dios. Él que es misericordioso con los pecadores tendrá también misericordia de Mí. No lo pido que no sufra, sino de saber sufrir. Vámonos. Samuel, adelántate un poco y dile a Juan que pronto estaré allí."

Samuel se inclina y ligero se va.

Jesús empieza a bajar. El atajo es tan estrecho que va uno tras del otro. Esto no impide a Judas que diga: "Te fías mucho de ese hombre, Maestro. Te dije ya quién es. El más exaltado y revoltoso de los discípulos de Jonatás. Ahora ya es tarde. Te pusiste en sus manos. Es un espía. Y pensar que Tú más de una vez, y los otros más que Tú, habéis pensado que lo era yo. Yo no soy un espía."

 

No. No eres un espía. Eres un demonio. Has robado a la

 serpiente su prerrogativa de seducir y de engañar 

para apartar de Dios

 

Jesús se detiene y se vuelve. Dolor y majestad se funden en su rostro, en su mirada. Dice: "No. No eres un espía. Eres un demonio. Has robado a la serpiente su prerrogativa de seducir y de engañar para apartar de Dios. Tu conducta no es ni como la de una piedra, ni como la de un bastón, pero me hiere mucho más. En medio de duro padecimiento no habrá otro mayor que tu conducta con que me torturarás." Jesús se lleva las manos al rostro, como para esconderse del horror, luego se apresura a bajar por el atajo.

Judas detrás le grita: "Maestro, Maestro, ¿por qué me causas dolor? Ese falso me calumnió... ¡Escúchame, Maestro!"

Jesús no le hace caso. Corre, vuela. Pasa sin detenerse junto a los bosquecillos o junto a los pastores que lo saludan. Pasa, saluda, pero no se detiene. Judas se resigna a no hablar...

 

Jesús se encuentra con Juan

 

Han llegado casi al cruce cuando se encuentran con Juan, que como de costumbre, con su sonrisa tranquila va a su encuentro. Lleva de la mano a un niño que chupa un pedazo de panal de miel.

"¡Maestro! Son personas de Cesarea de Filipo. Supieron que estabas aquí y vinieron. ¡Pero qué raro! Nadie ha hablado y todos saben dónde estás. Ahora descansan. Están muy fatigados. Fui a casa de Dina para que me diese leche y miel porque hay un enfermo. Lo puse en mi lecho. No tengo miedo. El pequeño Anás quiso venir conmigo. No lo toques, Maestro, que está lleno de miel" y el buen Juan se ríe en cuyos vestidos hay muchas gotas de miel, de los dedos del niño. Procura que está detrás de él, para no ensuciar a Jesús, pero grita a voz en cuello: "Ven. Hay mucho panal para Ti."

"Están ahora sacando la miel en la casa de Dina. Me lo dijeron" explica Juan.

Continúan su camino. Llegan a la primera casa donde todavía se oye el ruido que hacen los apicultores, que no comprendo por que lo hagan. Racimos de abejas -parecen piñas- cuelgan de las ramas, y se ve a algunos hombres que los cortan para llevarlos a las nuevas colmenas. Más allá se ve cómo en las colmenas ya hechas entran y salen zumbando las abejas.

 

Vienen al encuentro de Jesús varios hombre y una mujer

 con dos bellos panales de miel 

 

Vienen al encuentro de Jesús varios hombre y una mujer con dos bellos panales de miel que le ofrecen.

"¿Por qué te privas de ellos? Ya le has dado a Juan..."

"Mis abejas tienen mucha miel. No me preocupa ofrecerte algo. Bendice mis colmenas. Mira: están recogiendo la última. Este año tuvimos el doble."

Jesús va a las colmenas y bendice una por una en medio del zumbido de las abejas que jamás se cansan de trabajar.

"Todas están  contentas. Tienen nueva casa..." dice alguien.

"Y nuevas bodas. Parece como si fuesen mujeres que se preparasen a las bodas" dice otro.

"Es verdad, con la excepción de que las mujeres más que trabajar se ponen a charlar. Estas, por el contrario, no hablan y trabajan en días aún en que hay bodas. Trabajan para hacerse un reino y riquezas" añade uno de más allá.

 

El Trabajo. 

 

Trabajar siempre para conseguir la virtud es cosa lícita, 

más bien, obligatoria. No así cuando se hace por lucro

 

Parábola de las abejas 

 "sobre todo a los operarios de Dios propongo 

las abejas de modelo

 

¡Oh, milagro en seres tan pequeños! 

¡Cuánto enseñáis a los hombres!..."

 

"Trabajar siempre para conseguir la virtud es cosa lícita, más bien, obligatoria. No así cuando se hace por lucro. Pueden hacerlo los que ignoran que a Dios puede honrársela su día. Trabajar en silencio es algo meritorio que todos deberían aprender de las abejas, porque en el silencio se realizan cosas santas. Sed rectos como las abejas. Sed incansables y silenciosos. Dios ve. Dios premia. La paz sea con vosotros" dice Jesús. Y sólo ya con sus dos apóstoles dice: "sobre todo a los operarios de Dios propongo las abejas de modelo. Descargan en el interior de la colmena su miel que incansablemente formaron con su trabajo en las corolas. No parece que se fatiguen por el gusto con que lo hacen, volando de flor en flor, y luego cargados del polen, entran para elaborar la miel en lo íntimo de sus celdillas. Habría que imitarlas en escoger enseñanzas, doctrinas, amistades sanas, que den jugos de virtud, en saber aislarse para elaborar de lo que se recogió la virtud, la rectitud que es como la miel sacada de muchas flores, sin descuidar la buena voluntad, sin la que el polen no serviría para nada; en saber meditar humildemente en el corazón lo que hemos visto y oído de bueno, sin envidiar si cerca de las obreras están las reinas, esto es, si hay alguien más justo de lo que sea el que medita. Todas las abejas son necesarias en la colmena como lo es la reina. ¡Ay si todas fuesen reina!, ¡ay si todas obreras! Morirían todas. Las reinas no tendrían comida para alimentar a las crías, y las obreras se acabarían si las reinas no procreasen. No envidiar  a las reinas. Sufren también ellas. No ven el sol sino una sola vez, en su vuelo nupcial. Después como antes no les queda más que la oscuridad en medio de paredes de ámbar. Cada uno tiene su oficio, y a cada oficio corresponde una elección, lo mismo que a ésta una honra. Las obreras no pierden su tiempo en vuelos inútiles o en vuelos peligrosos sobre flores venenosas. No se arriesgan a probar ventura. No se oponen a su misión. No se rebelan contra el fin para el que fueron creadas. ¡Oh, milagro en seres tan pequeños! ¡Cuánto enseñáis a los hombres!..."

Jesús se calla perdiéndose en su pensamiento. Judas se acuerda de que tiene que ir a quién sabe que lugar, y parte a la carrera. Se quedan Jesús y Juan. Mira a Jesús sin decirle nada, con una mirada envuelta en un profundo cariño. Jesús levanta su cabeza y se encuentra con la mirad del predilecto. Su rostro brilla de alegría al verlo.

 

¿Ha vuelto Judas a causarte dolor, no es verdad? 

Lo mismo habrá hecho a Samuel

 

Juan pregunta: "¿Ha vuelto Judas a causarte dolor, no es verdad? Lo mismo habrá hecho a Samuel."

"¿Por qué? ¿Te dijo algo sobre ello?"

"No. Pero lo he comprendido. Sólo dijo: "Generalmente si se convive con buenos, se hace uno bueno, pero Judas, pese a que viva con el Maestro, desde hace tres años, no lo es. Está corrompido en  lo profundo de su ser, y la bondad de Jesús no penetra en él porque es un perverso". No supe qué responder... porque es verdad... ¿Por qué es así Judas? ¿Posible que no cambie nunca? Y sin embargo... todos tenemos las mismas lecciones... y cuando vino con nosotros, no era peor que nosotros..."

 

Hay criaturas que parecen vivir para destruir el bien 

que hay en sí  

sabes cómo se mueva la vela cuando el ventarrón se echa

 sobre ella Se inclina hacia el agua que se convierte en

 peligro, es necesario arriarla, de otro modo en lugar de

 salvar, llevaría a la muerte. Pero si el ventarrón cesa, 

la vela se hincha y veloz corre hacia el puerto.

 

"¡Querido Juan!" y al besarlo en la frente le responde: "Hay criaturas que parecen vivir para destruir el bien que hay en sí. Eres pescador y sabes cómo se mueva la vela cuando el ventarrón se echa sobre ella. Se inclina hacia el agua que se convierte en peligro, de modo que hay veces en que es necesario arriarla, de otro modo en lugar de salvar, llevaría a la muerte. Pero si el ventarrón cesa, aunque sea por unos instantes, la vela se hincha y veloz corre hacia el puerto. Lo mismo sucede con muchas almas. Basta con que el ventarrón de las pasiones se aplaque, que estaba inclinada, y a punto de irse a pique... para que vuelva a sentir sus anhelos hacia el Bien."

"Así es, Maestro... ¿pero llegará Judas a tu puerto? Dímelo."

"¡No me hagas ver el futuro de uno de mis mejores amigos! ¡Tengo ante mi vista el futuro de millones de almas para las que será inútil mi dolor... Tengo ante mis ojos todas las maldades del mundo... La náusea me perturba. La náusea del rebullir de cosas inmundas que como río cubre la tierra y la cubrirá con formas diversas, pero siempre horribles para la Perfección, hasta el fin de los siglos. ¡No me hagas ver! Deja que encuentre un poco de descanso al estar contigo, que eres realmente mi consuelo!" y Jesús le da una manifestación de cariño al besarlo en su frente.

Entran en casa. En la cocina está Samuel cortando la leña para ayudar a la anciana.

Jesús le pregunta: "¿Están durmiendo los peregrinos?"

"Me parece que sí. No oigo ningún ruido. El agua es para sus animales. Están debajo de la leñera."

"Yo lo hago, y ve a la casa de Raquel. Me prometió un poco de queso fresco. Dile que se lo pagaré el sábado" dice Juan cargándose los dos cubos de agua.

 

Judas nos interrumpió allá arriba... Quiero avisarte que te

 enviaré con mis apóstoles 

después del día siguiente al sábado

 

Se quedan Jesús y Samuel solos. Jesús se inclina sobre Samuel que enciende la llama, le pone la mano sobre la espalda: "Judas nos interrumpió allá arriba... Quiero avisarte que te enviaré con mis apóstoles después del día siguiente al sábado. Tal vez te sea mejor..."

"Gracias, Maestro. Me desagrada no estar contigo, pero te encontraré en tus discípulos. Quiero ir, y no estar con Judas. No me atrevía a pedírtelo..."

"Está bien. Arreglado. Compadécelo, como Yo lo hago. No digas nada a Pedro, ni a nadie..."

"Sé guardar un secreto, Maestro."

"Luego vendrán los discípulos, entre los que están Hermas, Esteban e Isaac, sabios, justos. Te acomodarás a ellos. Son verdadero hermanos."

 

Eres en realidad el Maestro bueno 

y se inclina a besarle la mano

 

"Sí, Maestro. Tú comprendes a uno y lo ayudas. Eres en realidad el Maestro bueno" y se inclina a besarle la mano.

X. 169-178

A. M. D. G.