LO QUE DICE EL SEÑOR SOBRE LA OBRA 

"EL HOMBRE-DIOS"

 


 

Esta obra escrita por María Valtorta , a quien el Señor llama "pequeño Juan", es una gran gracia dada por el Señor al género humano, dirigida para todos y de manera especial para los sacerdotes, para que les sirva de guía en la dirección de las almas. Es una obra, que como bien dice el Señor, es más obra suya que de la misma escritora, que sola sirvió de instrumento para dárnosla a conocer. He aquí lo que dice el Señor sobre este particular.

 

                                                                                                            

 

Dice Jesús:

"Pequeño Juan, el ciclo ha terminado (Lo que el Señor quería darnos a conocer en la obra). Después de él pondréis la aparición a Tomás incrédulo, ocurrida el 9-8-44 (La visión). Cuando haya sido escrito todo el Evangelio se agregarán muchas cosas en los días de Palmas, de lunes, martes, miércoles de Pascua, y de la mañana del jueves como te dije desde un principio. Las partes que se insertarán, que son las que viste el año pasado, ya te las indiqué. Si al P. M. le parece puede insertar los dictados del año pasado que ahora te señalo.

Y como preveo las objeciones de los muchos Tomases y de los muchos escribas de hoy en día acerca de una frase de este dictado que parece en oposición con el sorbo de agua que me ofreció Longinos... -¡Oh! ¡cuánto se alegrarían los que niegan lo sobrenatural, los racionalistas de la perfección del contrario si pudieran encontrar un solo hueco en el maravilloso conjunto de esta Obra de bondad divina y de sacrificio tuyo, pequeño Juan, para que, haciendo palanca en esta hendidura con el pico de su pestilente racionalismo, echar todo por tierra!- para adelantarse  a estos, te voy a explicar.

El pequeño sorbo de agua: una gota en medio de la ardiente fiebre y de venas completamente secas, tomado con amor por un alma que debía ser invadida de él, para llevarla a la Verdad, un sorbo tomado con tanta fatiga en medio de esa falta de respiración que me impedía el aire e imposibilitaba poder pasarlo, tan quebrantado me hallaba Yo por los crueles azotes, ese pequeño sorbo no me dio otro refrigerio que el sobrenatural. Como algo material no valía nada, por no decir que era un tormento... Ríos habrían venido al encuentro de mi sed... Y no podía beber por la angustia del dolor precordial. Y tu bien sabes qué es esto... Ríos habrían venido a mi encuentro... y no se me dieron. Ni habría podido aceptarlos debido al sufrimiento cada vez mayor. ¡Pero cuánto alivio hubieran dado a mi Corazón, si se me hubieran ofrecido! Moría Yo de amor. De un amor que no se me había dado. La piedad es amor. Y en Israel no existía la piedad.

Llamad con el nombre justo de: "piedad" y no de bebida aquel "sorbo" cuando lo meditéis, vosotras personas buenas, o lo analicéis, vosotros escépticos. Puede por lo mismo decirse, sin incurrir en exageración, que "a partir de la cena en adelante no tuve consuelo alguno". No hubo nadie, en medio de tanta gente que me rodeaba, que me hubiera consolado, puesto que no quise beber el vino mezclado con mirra. Se me dio vinagre, se me escarneció. Fui traicionado y golpeado. Esto fue lo que me dieron, y no otra cosa.

Tú has dicho:"¿Por qué no vi esto el año pasado?". Porque te hallabas aterrorizada por la visión repentina de mis tormentos. Porque todavía no eras capaz de describir y de ver. Lo hice para proporcionarte un alivio ante tu pasión inminente. Pero lo ves, que he tenido que tomarte otra vez conmigo para que pudieras comprender más perfectamente, más tranquilamente todos aquellos tormentos míos. ¿Lo has logrado? ¡Oh no! La criatura, aun cuando la sostenga Yo entre mis brazos, y se halle inmersa en Mí, es siempre una criatura, siempre reaccionará y obrará como tal. Jamás podrá comprender y describir con absoluta realidad y perfección, pues que es criatura, los sentimientos y sufrimientos del Hombre-Dios.

Por otra parte no hubieran sido nunca comprendidos. Estos no lo son. Y en lugar de arrodillarse para bendecir a Dios que os ha concedido poder conocer esto que vale la pena, mucha gente tomará libros y más libros, cotejará, medirá, mirará contra la luz, esperando, esperando, esperando. ¿Qué cosa? Hallar contradicciones con otros trabajos semejantes. Y destruir, destruir, destruir. En nombre de la ciencia (humana), de la razón (humana), de la crítica (humana), de la soberbia tres veces humana. ¡Cuántas obras santas destruye el hombre para construir, con los escombros, edificios no santos! Habéis, pobres hombres, quitado sólo el oro, el oro puro y precioso de la Sabiduría. Y habéis puesto estuco y yeso malamente tinturados con polvo dorado que en el transcurso del tiempo, al roce y descuido humano, pierde al punto su color, dejando unos hoyitos de suciedad que pronto se deshacen en polvo, dejando en la nada vuestro saber.

¡Oh pobres Tomases que no creéis en otra cosa más que en lo que comprendéis y experimentáis! ¡Por el contrario decid a Dios y tratad de subir pues que os doy una mano! Subir en la fe y en el amor. Quise la humillación de los apóstoles para que fueran capaces de ser "padres de las almas". Os lo pido y os hablo sobre todo a vosotros, sacerdotes míos. Aceptad humildemente que un laico sea antepuesto a vosotros para que lleguéis a ser "padres de almas". Para todos es esta Obra. Pero como está particularmente dedicado a vosotros este Evangelio en que el Maestro toma de la mano a sus sacerdotes y los conduce consigo entre las filas de los alumnos para que ellos, los sacerdotes, se conviertan en maestros capaces de guiar sus discípulos, en que el Médico os lleva entre los enfermos, cada hombre tiene su enfermedad espiritual y os muestra los síntomas y la curación!

¡Ánimo, pues! Venid a ver. Venid a comer. Venid a beber. No rehuséis. No odiéis al pequeño Juan. Los buenos de entre vosotros recibirán una alegría santa de esta Obra. Los estudiosos sinceros una luz. Los distraídos que no son malos, un gozo. Los malos un medio para desahogar su ciencia mala. Pero el pequeño Juan sólo ha tenido dolor y cansancio por lo cual ahora, al término de la Obra, es como una criatura que languidece por enfermedad.

¡Y bien! ¿Qué diré a mis amigos entonces y a los suyos: a María de Mágdala, a Juan, a Marta, a Lázaro, a Simón, a los ángeles que le han guardado durante su fatiga? Diré: El pequeño Juan, nuestro amigo languidece. Vamos a llevarle el agua de las fuentes eternales y a decirle: Ven, pequeño Juan. Contempla tu Sol y levántate. Porque muchos querrían ver lo que estás viendo. Pero sólo a los predilectos está concedido conocer, antes de tiempo, al Señor eterno y a sus jornadas en el mundo. Ven. El Salvador, con sus amigos, llega a tu morada en espera de que vayas con El y ellos a la Suya".

Ve en paz. Estoy Yo contigo."

7 de abril de 1945, 5 p.m.

Dice Jesús:

 "Ven, pequeño Juan. Como el pequeño Benjamín, cuya visión te ha gustado, pon tu mano en la mía, para que te guíe por mis campos de gracias.

Gracias para ti y para los demás. Dones y dones. Porque cada cosa que te descubro o te digo es un gran don. No conoces ni siquiera su valor. No el valor espiritual. Para ti es de valor infinito. Me refiero al valor cultural, histórico, si así te agrada. Son gemas de gran precio. Tú, a la manera de un niño, las encuentras ya en tus manos y las amas por su color variado, pero no sabes valorarlas más que por ser un regalo, por su belleza y porque son prueba de mi amor. Otros, por el contrario, más doctos que tú, pero menos amados que tú, te las miran con ansia y con ansia te piden estas gemas espirituales que tu Jesús te regala y las miran cuidadosamente, las revisan, las valoran más sabiamente que tú, y desearían amarlas como tú las amas. pero esto es más difícil para ellos que son personas difíciles. No están que los párvulos que aman sencilla, escueta y puramente.

Tú no sabes más que amar. Y así siempre permanéceme. Regocíjate con las gemas que te doy y después dalas, generosa y alegremente, a quien está en espera de ellas. Siempre te llenaré tu manita con nuevos tesoros. No tengas miedo. Da, da. Tu Rey tiene arcas inexhaustas para el regocijo de sus pequeñuelos".

XI. 702-703

A. M. D. G.

Dice Jesús:

"Aquí termina la Obra que os ha dictado el amor que os tengo, Obra que habéis recibido por el amor que una criatura me ha tenido y os tiene.

Hoy ha terminado: Conmemoración de santa Zita de Lucca, criada humilde que sirvió a su Señor en la caridad, en esta iglesia de Lucca a la que Yo, de lugares lejanos, he traído a mi pequeño Juan para que m sirviera en la caridad y con el mismo amor de santa Zita por todos los desgraciados.

Zita daba pan a los pobrecitos, recordando que en cada uno de ellos Yo estoy, y que serán dichosos a mi lado los que hayan dado de comer y de beber a los que tienen sed y hambre.

María-Juan ha transmitido mis palabras a los que languidecen en la ignorancia o en la tibieza o duda sobre la Fe, recordando que la Sabiduría dijo que los que trabajan por dar a conocer a Dios brillarán como estrellas en la eternidad, al dar gloria a su Amor, y haciendo que muchos lo conozcan y lo amen.

La Obra ha terminado hoy, día en que la Iglesia eleva a los altares un lirio puro de los campos, a María Teresa Goretti, destrozado su tallo cuando todavía su corola era un capullo. ¿Y quién lo destrozó sino Satanás, envidioso de aquel candor, más resplandeciente que su antiguo aspecto de ángel? Destrozado porque era algo sagrado al Amor divino. Virgen y mártir María de este siglo de infamias en que se vilipendia aun el honor de la Mujer, escupiendo la baba de los reptiles para negar que Dios puede dar una morada inviolable a su Verbo, que se encarnó por obra del Espíritu Santo para salvar a los que creen en El.

También María-Juan es mártir del odio que no quiere mis maravillas celebradas con la Obra, arma poderosa que va a arrebatarle tantas presas. Pero también María-Juan sabe, como sabía María-Teresa, que el martirio, cualquiera que sea su nombre y aspecto, es una llave que sirve para abrir sin vacilación el Reino de los Cielos a los que lo padecen para continuar mi pasión.

La Obra está terminada. 

Con su fin, con la venida del Espíritu Santo termina el ciclo mesiánico que mi Sabiduría ha iluminado desde su aurora: la Concepción Inmaculada de María, hasta su ocaso: la venida del Espíritu de Amor, para quien sabe ver. Es cosa justa empezarlo con el misterio de la Inmaculada Concepción de la Esposa del Amor, y terminarlo con el sello del Fuego Paráclito sobre la Iglesia de Cristo.

Las obras manifiestas de Dios, del Amor de Dios, terminan con Pentecostés. A partir de ese momento continúa la obra íntima, misteriosa de Dios en sus fieles, unidos en el Nombre de Jesús en la Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica, Romana, y la Iglesia, esto es, la unión de los fieles: pastores, ovejas y corderos, puede avanzar y no equivocarse, por la acción espiritual, continua del Amor, Teólogo de los teólogos, el que forma los verdaderos teólogos, que son los que se  han sumergido en Dios y tienen a Dios en sí por la dirección del Espíritu de Dios que los guía, que son los que verdaderamente son "hijos de Dios", según el contexto de Pablo.

Y al fin de la Obra tengo que emitir una vez más el lamento dado al terminar cada año evangélico, y al ver con dolor que mi don es despreciado, os digo: "No tendréis otro porque no habéis sabido acoger esto que os he dado". Y os digo también lo que os mandé decir para volver al camino recto en el verano pasado: "No me veréis hasta que no venga el día en que diréis: '¡Bendito el que viene en nombre del Señor!'

Hoy a 27 de abril de 1947 fue terminada la Obra.

Viareggio -Via Fratti 113- María Valtorta.

XI. 822-823

A. M. D. G.